Dejo correr la sangre de las manos.
Acostado en la cama la examino.
Las sábanas la sorben dulcementecon
la quieta avidez de su blancura.
Brota incesantemente. A borbotones.
Tibia y curiosa asoma a mis muñecas
y escapa presurosa de mis manos.
Son manos de vencido. Ellas debían
coger la gloria, amor, coger dinero.
Un día las creí capaces de ello.
Pero nada aprehendieron. No [...]


