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Archive for 5/09/10

La lucidez del poeta, y su radical enfado

Leer a Tomas Segovia es un placer que conjura la vulgaridad y las falacias que en cantidades ingentes nos administran sin piedad.
Un saludo cordial.
EL BLOG DE TOMÁS

Mi mundo al revés. Leer los periódicos se ha vuelto para mí algo así como enfrentarme cada mañana a un rompecabezas. Quiero decir que la mayoría de las noticias me dejan turulato, y lo poco que creo entender me parece referirse indefectiblemente a un mundo al revés. Por ejemplo, me pareció entender estos días que Europa está dando la batalla (contra Estados Unidos) en favor de una drástica política de reducción del gasto público, mientras que los gringos propugnan más inversión pública para activar la economía. Si esto es así (porque también, a saber cómo interpreta un periodista postmoderno lo que está pasando), entonces es que el mundo, o por lo menos mi mundo, está patas arriba. Yo me eduqué en un mundo donde Europa era el baluarte de la democracia social y de la sociedad del bienestar, mientas que los gringos, que se habían desviado ligeramente de su eterno destino en los años de Roosevelt, volvían a su viejo ideal de poner el Estado al servicio de los negocios, que pronto conduciría a las famosas políticas de “desregulación”.
En aquel mundo, nosotros, la mayoría del género humano, éramos las víctimas colaterales de la guerra a muerte entre los malvados comunistas y los malvados imperialistas, que nadie ignoraba que eran tan nefastos los unos como los otros. Ahora resulta que los herederos de uno y otro imperio del mal se nos han unido y todos juntos somos las víctimas de otros dos gigantes que por ahora no luchan entre sí: los malvados islamistas que no quieren entender la modernidad y los malvados chinos que la entienden demasiado bien. En fin, el mundo al revés.

Tampoco se entendería en el mundo donde yo me eduqué que a un país gobernado como España por el partido socialista tengan que ser los jueces argentinos los que le exijan hacer justicia frente al genocidio franquista, mientras los jueces españoles condenan, contra la opinión mundial, al único magistrado que lo intentó. Y avalados además (¡póngame eso patas abajo!) por mucha gente ilustrada que piensa que el juez Garzón se lo mereció por su “protagonismo”, pero más que nada por no atenerse a las reglas del juego.
También entra en las reglas del juego la recomendación que hace el FMI a España de que abarate el despido de los empleos indefinidos para rebajar el porcentaje de empleos precarios. ¿No es increíble que se pueda sostener en serio, por escrito, semejante dislate? La cosa es simple: si la mayoría de los empleados tienen un empleo basura y unos pocos un empleo menos basura, hagamos estos últimos tan basura como los otros y verás cómo eso empareja los porcentajes. Para mí, eso es también el mundo al revés, por lo menos en algún sentido, porque ya se sabe que el FMI es de por sí el mundo al revés y sería sorprendente que actuara al derecho, sólo que es igualmente soprendente que en un país “socialista” nadie estalle (de risa si no de ira) al leer semejante cosa; pero es que hasta El País, por una vez (4 sep.), reconoce que Irlanda, Portugal y España no siguen esas políticas por “convicción ideológica”, sino por el innoble chantaje de “los mercados”.
¿Y quién hubiera imaginado, en el mundo donde yo me eduqué, que Francia, cuna del ideal republicano y de los derechos del hombre, iba a condenar a una raza entera como tal, cosa que no había vuelto a suceder desde los gloriosos días del nazismo, e iba a declarar que la nacionalidad no es un derecho sino un regalo –o más bien un préstamo?
Y es que no es sólo, diría yo, que nos hayan puesto las cosas patas arriba, sino que nos han dejado sin fundamento. En el mundo donde yo me eduqué había todavía quien nos enseñaba que la política se fundaba en algún vasto y profundo proyecto, aunque interpretado de muy diversas formas, de liberación de las servidumbres y realización de las capacidades del espíritu humano. Hoy ningún político se atrevería a alterar mínimamente el juego del mercado en nombre de las capacidades del espíritu humano, ni a oponerse a cualquier oscurantismo o servidumbre si eso favorece la producción y el consumo de bienes innecesarios para nosotros pero benéficos para la economía. Yo añoro todo eso porque a mí me educaron en la creencia de que la libertad sin igualdad y fraternidad es una falacia mortífera, pero cuando los jóvenes de hoy tengan mi edad, ¿podrán decir que a ellos los educaron?

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