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AFORISMOS DEL PÁJARO.

 

HACE TIEMPO QUE LEO Y CAMINO SOBRE ESTAS PIEDRAS …PRECIOSAS POR PRECISAS, EN MI CONDICIÓN DE viejo naufrago, y no hay equivoco, arribo a las orillas que pueblan los mapas, que como las perdidas, arden perpetuamente en el corazón de cada día

 

 

“Sagrada familia en el cajero. Nochebuena de uñas negras y cartones contra el frío. Él orina en la jardinera bajo el cartel con espumillón: “Queremos ser tu banco”. Ella abre otro tetrabrik de oro incienso y mirra. Sus majestades no les llevarán presentes… ni futuros. Felices fiestas”.

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“El día del fin del mundo se levantó despacio, hizo café, se fumó todo el tabaco y salió a la calle. Si la piedra empezaba a girar al revés, ¿volveríamos también nosotros a ser hombres? Quería ver al sol ponerse por última vez por el Este, los océanos chocar contra las costas, la tierra libre por fin de esta plaga infecta. Volvió a casa, desolado, al anochecer. Lo peor de todo es que no le quedaba tabaco”.

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“Como quien ofrece en el cuenco de la mano un agua, a modo de ejemplo, de un río que sólo él ha vadeado, así se acercaba a ellos hablándoles, y así dóciles y genuflexos, lamían los fieles, con arrobo, intentando vanamente aplacar su sed”.

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“El sexo que procura su mano como quien alcanza un fruto. ¿Quién puede certificar lo sagrado? Desde arquitecturas elevadas otros babean exabruptos, las venas del cuello hinchadas, las manos sajando la atmósfera inciensada, sobre almas que asienten y otorgan y temen. Lejos de allí, las caricias y los humores sin mácula perfuman paraísos sin registro”.

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Noviembre 2012

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“Mirábamos embelesados el magnífico decorado del teatro de la democracia. Seguíamos tan absortos la representación, fascinados por los juegos de luces, elevados por la música, sintiendo en nuestras propias carnes las vicisitudes de los personajes, que no advertimos que cerraban las puertas y comenzaban a soltar el gas entre bambalinas”.

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“Su rodilla en mi cuello. Ataba mis manos atrás con la brida mientras su compañero se empleaba con furia contra mi cuerpo, ese saco de carne y huesos que se rebelaba. La sangre corría abundante por mi pelo. Antes de desmayarme comprendí que no se puede tener todo, o llevas la razón o llevas las armas”.

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“Asoman tiritando los estambres de la flor malva del azafrán entre la helada. Las yeguas patean buscando brotes tiernos bajo el hielo. La ventisca es un látigo en el rostro. Cuesta creer que alguna vez fue primavera”.

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“Atención primaria: Su mano en la vena latente de mi pulso, los ojos en su reloj. No alcanzo a destejer el hilo que une mi sangre a esa maquinaria. Diagnóstico: Sufres, en la sístole y en la diástole, sufres, pero se me ha hecho tardísimo”.

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“Lo aparté a un lado del camino. Era el zorro que me había cruzado días atrás, sorteando hábil y burlón las luces de mi coche. Ahora, en su rigor mortis, seguía jugando. Sus ojos sin vida me miraban con la sorna del que siempre va por delante. Ya no saltará más entre peñas y sabinas, a pesar de que sus patas sean lo último que devoren y denigren los carroñeros”.

NOTA:
En diálogo con esta escena, ALFREDO ESCALADA remite a los lectores a: ‘El raposo de Preñaya’, su “relato paralelo (sin tocarse ni juntarse)” .

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Octubre 2012

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“El manto de nubes que tejió el Norte se deshilacha a su paso por el sabinar. Sus jirones, diseminados y errantes, no aliviarán la sequía de los campos secos y cuarteados del Sur”.

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“Las hojas de las copas altas del hayedo son las primeras que enrojecen, amarillean y caen, mientras en la umbría, al cobijo de las ramas bajas, aún verdean los incipientes esquejes. Los fayucos, enterrados bajo la hojarasca, sueñan aún con ser bosque un día”.

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“La muerte no es sino objeto para los otros, para que la lloren y la gestionen. Nuestro es el dolor, después del dolor no hay nada”.

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“Con la orza rota y la nave al pairo en mitad de la tormenta, las ratas subieron de la sentina en tropel para cruzar la cubierta y abandonar el barco, mientras la marinería, caótica, desesperada, intentaba infructuosamente dirigir la proa lejos de los escollos, y el capitán, en su cámara, lustraba meticuloso el sextante, el compás, la ballestilla, el astrolabio…”

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“Los hombres colgados de los árboles, fruto agraz e intensivo de la Europa meridional”.

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