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Archive for 28 marzo 2009

amigos del alma

Revista poética Almacén: La Palabra Itinerante

Estos si que son amigos del alma, celebran la hospitalidad y reniegan de la miserable abundancia.
Poema de David Eloy Rodriguez:

Al fuego en el que comprendimos el bosque

No hicimos sino apropiarnos de la vida,
batirnos con el tiempo.
Fuimos las veces en que quisimos
vivir para siempre.
Las veces en que quisimos morir.
Fuimos lo que le ganamos a la muerte:
conocimientos de relámpago,
encuentros de luz,
un tiempo que ya no se olvida.
Eso es lo que nos sobrevive:
como el esqueleto de la ballena
que queda varado en la playa
y demuestra que hubo ballena.
Como la bufanda y el sombrero
de un muñeco de nieve.

Marat-Sade, 1998

El problema ahora
es que hay muchos vigilantes
y pocos locos.
El problema ahora
es que la jaula está
en el interior del pájaro.

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Sería más razonable de mi parte no meterme en temas drásticos porque me encuentro en desventaja. Soy un forastero totalmente desconocido, carezco de autoridad y mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar. No puedo hacer frases potentes, ni ágiles, ni distinguidas, ni finas, pero ¿quién sabe si esta dieta obligatoria no resultará buena para la salud? A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces. Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, sobre, por ejemplo, las rutas de la poesía moderna, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental.

No cabe duda de que la tesis de esta nota: que los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de la poesía versificada es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama “poesía pura” y, sobre todo, cuando aparece versificada. Me cansa el canto monótono de esos versos, siempre elevado, me adormecen el ritmo y la rima, me extraña dentro del vocabulario poético cierta “pobreza dentro de la nobleza” (rosas, amor, noche, lirios), y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.

Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi “sensibilidad poética” pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas muy curiosas: leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los “admiradores” ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Gozar tanto de la “precisión matemática” de las palabras y no percibir una fundamental alteración en el orden de la expresión? Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de Valéry es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.

Me encontré, pues, cara a cara con el siguiente dilema: miles de hombres hacen versos; otros miles les demuestran gran admiración; grandes genios se expresan por medio del verso; desde tiempos inmemoriales el poeta y los versos son venerados; y frente a esa montaña de gloria -yo, con mi convicción de que la misa poética se efectúa en el vacío casi completo.
¡Valor, señores! En vez de huir de ese hecho expresamente, tratemos de buscar sus causas como si fuese un hecho como cualquier otro.

Poesía pura y azúcar puro

¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar “puro”. El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía: exceso de la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de metáforas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de condensación que asemejan los versos a un producto químico.
¿Cómo hemos llegado a este grado de exceso? Cuando un hombre se expresa en forma natural, es decir en prosa, su habla abarca una gama infinita de elementos que reflejan su naturaleza entera; pero he aquí que vienen los poetas y proceden a eliminar gradualmente del habla humana todo elemento apoético, en vez de hablar empiezan a cantar y de hombres se convierten en bardos y vates, consagrándose única y exclusivamente al canto. Cuando un trabajo semejante de depuración y eliminación se mantiene durante siglos llégase a una síntesis tan perfecta que no quedan más que unas pocas notas y la monotonía tiene que invadir forzosamente el campo del mejor poeta. El estilo se deshumaniza; el poeta no toma como punto de partida la sensibilidad del hombre común sino la de otro poeta, una sensibilidad “profesional” y, entre los profesionales, se crea un lenguaje tan inaccesible como los otros dialectos técnicos; y, subiendo unos sobre los hombros de otros, forman una pirámide cuya punta ya se pierde en el cielo, mientras nosotros nos quedamos abajo algo confundidos. Pero lo más importante es que todos ellos se vuelven esclavos de su instrumento porque esa forma es ya tan rígida y precisa, sagrada y consagrada que deja de ser un medio de expresión: y podemos definir al poeta profesional como un ser que no se puede expresar a sí mismo porque tiene que expresar los versos.

Por más que se diga que el arte es una especie de clave, que el arte de la poesía consiste precisamente en lograr una infinidad de matices con pocos elementos, tales y parecidos argumentos no ocultarán el primordial fenómeno de que con la máquina del verbo poético ha ocurrido lo mismo que con todas las demás máquinas, pues en vez de servir a su dueño se ha convertido en un fin en sí; y, francamente, una reacción contra ese estado de cosas parece aún más justificada aquí que en otros campos porque aquí estamos en el terreno del humanismo “par excellence”. Existen dos formas de humanismo básicas y diametralmente opuestas: una que podríamos llamar “religiosa” que coloca al hombre de rodillas ante la obra cultural de la humanidad y otra, laica, que trata de recuperar la soberanía del hombre frente a sus dioses y sus musas. El abuso de cualquiera de estas formas tiene que provocar una reacción y es cierto que una reacción así contra la poesía sería hoy totalmente justificada porque, de vez en cuando, hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros. Posiblemente los que han tenido la oportunidad de leer algún texto artístico mío se sentirán extrañados por lo que digo, ya que soy en apariencia un autor típicamente moderno, difícil, complicado y aun a veces -quien sabe- aburrido. Pero, téngase en cuenta que yo no aconsejo a nadie prescindir de la perfección ya alcanzada, sino que considero que esta perfección, este aristocrático hermetismo del arte deben ser compensados de algún modo y que, por ejemplo, cuanto más el artista es refinado, tanto más debe tomar en cuenta a los hombres menos refinados y cuanto más es idealista tanto más debe ser realista. Este equilibrio a base de compensaciones y antinomias es el fundamento de todo buen estilo, más, en los poemas no lo encontraremos, y tampoco se puede notar en la prosa moderna influenciada por el espíritu de la poesía. Libros como “La muerte de Virgilio”, de Herman Broch o aun el celebrado “Ulises” de Joyce resultan imposibles de leer por ser demasiado “artísticos”. Todo allí es perfecto, profundo, grandioso, elevado y, al mismo tiempo, nada nos interesa porque sus autores no lo han escrito para nosotros sino para el Dios del Arte.
Pero la poesía pura además de constituir un estilo hermético y unilateral, constituye también un mundo hermético. Y sus debilidades aparecen con más crudeza aún, cuando se contempla el mundo de los poetas en su aspecto social. Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propio trabajo y todo este mundo se parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundos especializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea. Los ajedrecistas consideran el ajedrez como la cumbre de la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca como los poetas hablan de Mallarmé y, mutuamente, se rinden todos los honores. Pero el ajedrez es un juego mientras que la poesía es algo más serio y lo que resulta simpático en los ajedrecistas, en los poetas es signo de una mezquindad imperdonable. La primera consecuencia del aislamiento social de los poetas es que en el mundo poético todo se hincha, y aún los creadores mediocres llegan a adquirir dimensiones apocalípticas y, por el mismo motivo, los problemas de poca monta cobran una trascendencia que asusta. Hace tiempo hubo entre los poetas una gran polémica sobre la famosa cuestión de las asonancias y parecía que la suerte del universo dependía del hecho de si es posible rimar “espesura” y “susurran”. Es lo que sucede cuando el espíritu gremial domina al universal.
La segunda consecuencia es aún más desagradable: el poeta no sabe defenderse de sus enemigos. Y así vemos cómo en el terreno personal y social se pone en evidencia la misma estrechez de estilo que hemos mencionado más arriba. El estilo no es otra cosa sino una actitud espiritual frente al mundo, pero hay varios y el mundo de un zapatero o de un militar tiene poco que ver con el mundo de los versos: como los poetas viven entre ellos y entre ellos forman su estilo, eludiendo todo contacto con ambientes distintos, quedan dolorosamente indefensos frente a los que no comparten sus credos. Lo único que son capaces de hacer, cuando se ven atacados es afirmar que la poesía es un don de los dioses, indignarse contra el profano o lamentarse por la barbarie de nuestros tiempos lo que, por cierto, resulta bastante gratuito. El poeta se dirige sólo a aquel que ya está compenetrado con la poesía, es decir a uno que ya es poeta, pero esto es como si un cura endilgara su sermón a otro cura. ¡Cuánta más importancia tiene, sin embargo, para nuestra formación el enemigo que el amigo! Sólo frente al enemigo podemos verificar plenamente nuestra razón de ser y sólo él nos procura la clave de nuestros puntos débiles y nos pone el sello de la universalidad. ¿Por qué, entonces, los poetas huyen ante el choque salvador? Ah, porque carecen de medios, de actitud, de estilo para afrontarlo. ¿Y por qué les faltan estos medios? Ah, porque eluden el choque.

El vate y el ridículo

La más seria dificultad de orden personal y social que debe afrontar el poeta proviene de que él, considerándose superior como sacerdote de la poesía, se dirige a sus oyentes desde más arriba; pero los oyentes no siempre reconocen su derecho a la superioridad y no quieren oírlo desde abajo. Cuanto más aumenta el número de personas que ponen en duda el valor de los poemas y faltan el respeto al culto, tanto más delicada y cercana al ridículo se vuelve la actitud del vate. Mas, por otra parte, crece también el número de los poetas y a todos los excesos de la poesía ya enumerados hay que añadir el exceso de bardos y el exceso de versos.

Estas ultrademocráticas cifras minan desde el interior la aristocrática y orgullosa actitud del mundo de los poetas y nada más comprometedor, en ese sentido, que cuando se los ve a todos reunidos, por ejemplo, en un congreso: una muchedumbre de seres excepcionales. Un artista que en verdad se preocupe por la forma buscaría alguna salida a este callejón, porque sin duda estos problemas en apariencia sólo personales están estrechamente vinculados con el arte y la voz del poeta no suena bien, ni puede ser seria y convincente mientras él mismo quede ridiculizado por tales contrastes.

Un artista creador y vital no vacilaría en cambiar totalmente de actitud y, por ejemplo, él desde abajo se dirigiría a la gente: como el que pide el favor de ser reconocido y aceptado o como el que canta pero al mismo tiempo sabe que aburre. Podría también proclamar públicamente esas antinomias y escribir sus versos sin estar satisfecho de ellos y anhelando ser cambiado y renovado por el choque regenerador con los demás hombres. Pero no es posible exigir tanto a los que dedican toda su energía a la “depuración” de su rima. Los poetas siguen agarrándose febrilmente a una autoridad que no tienen y embriagándose a sí mismos con la ilusión del poder. ¡Qué ilusos! De cada diez poemas uno por lo menos cantará el poder del Verbo y la elevada misión del Poeta lo que, justamente, demuestra que el Verbo y la Misión están en peligro… y los estudios o reseñas sobre poesía nos procuran una rara impresión: porque su inteligencia, sutileza y finura están en contraste con el tono que es a la vez ingenuo y pretencioso. Todavía no han comprendido los poetas que de la poesía no se puede hablar en tono poético y por eso sus revistas están llenas de poetizaciones sobre la poesía muy a menudo horripilantes por su estéril malabarismo verbal. A esos pecados mortales contra el estilo los lleva el temor que sienten ante la realidad y la necesidad de encontrar a toda costa una afirmación de su quebrantado prestigio.

Formas de la salvación

La ceguera voluntaria se nota también en ese simplismo tremendo en que caen hombres, por otra parte muy inteligentes, cuando se trata de su suerte. Muchos poetas pretenden salvarse de las dificultades expuestas más arriba declarando que ellos escriben sólo para sí mismos, para su propio goce estético aunque al mismo tiempo hacen lo posible por publicar sus obras. Otros buscan la salvación en el marxismo y afirman con toda seriedad que el pueblo es capaz de asimilar sus refinadísimos y difíciles poemas, productos de siglos de cultura. Ahora la mayoría de los poetas cree firmemente en la repercusión social de los versos y nos dirán extrañados: “Pero cómo puede usted dudar… Vea las muchedumbres que asisten a cada recital poético. ¡Cuántas ediciones se publican! Cuánto se escribe sobre la poesía y cuán admirados son los que conducen a los pueblos por el camino de la Belleza.”

No se les ocurre pensar que en un recital poético es casi imposible asimilar un verso (porque no basta escuchar un verso moderno una sola vez para entenderlo), que miles de libros se compran para no ser leídos nunca, que los que escriben en los periódicos sobre poesía son poetas y que los pueblos admiran sus poetas porque necesitan mitos. No se dan cuenta que si las escuelas no enseñasen a los niños el culto de los poetas en sus tristes y tan formales clases de idioma nacional y si este culto no se mantuviera todavía por inercia entre los adultos nadie, fuera de unos pocos aficionados, se interesaría en ellos. No quieren ver queja supuesta admiración por el canto versificado es en realidad el resultado de muchos factores como la tradición, la imitación y, aun otros como el sentimiento religioso o la afición deportiva (porque asistimos a un recital poético del mismo modo que a una misa -sin comprenderlo- y sólo cumpliendo un acto de presencia frente a un rito; y porque nos interesa la carrera de los poetas hacia la gloria así como nos interesan las carreras de caballos); no, ese complicado proceso de la reacción de las multitudes se reduce para ellos a la fórmula: “el verso encanta porque es bello…”

Que me disculpen los poetas. Yo no los ataco para molestarlos y gustoso tributaré homenaje a los altos valores personales de muchos de ellos; sin embargo ya se ha colmado el cáliz de sus pecados. Hay que abrir las ventanas de esta hermética casa y sacar sus habitantes al aire fresco, hay que sacudir la pesada, majestuosa y rígida forma que los abruma. Poco me importa que digáis pestes de mí y de mi nota. -¿Acaso puedo esperar que aceptéis un juicio que os quita la razón de ser?- Y, además, mis palabras están destinadas a la nueva generación. El mundo se vería en situación desesperada si cada año no entrase un nuevo contingente de seres humanos, frescos, libres del pasado, no comprometidos con nadie ni con nada, no paralizados por puestos, glorias, obligaciones y responsabilidades, seres, en fin, no definidos por lo que ya han hecho y por lo tanto, libres para elegir.

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En estos tiempos donde hasta la oscuridad parpadea y la soledad desolada es saqueada por los muros infames, donde toda emocion es un pez transgenico en los escaparates-pecera.
La poesia, la puta poesia, indoblegable, espantados lo poetas, los poetas que hacen de la poesia una melopea estupida bajo la cual recorren el camino mas corto hacia la estupida alabanza, esa poesia liberada de las garras de los mal llamados poetas, pintores de brocha gorda de las sordidas fachadas del expolio y del crimen, del poder de los imbeciles, de los insaciables banqueros, de todos los que astutos e ignorantes hacen de la falta de escrupulos una religion, de la corrupcion una cultura, de la masacre, una filosofia, de la muerte, una mordaza, del miedo y de la miseria la mas restable de las materias primas, pues bien, esa poesia volada en la boca de todos los hombres, piensa el mundo en el corazon de los hombres sin pedir permiso a dios, celebra el milagro de cada dia, el crepusculo y el alba y el silencio magnifico de estar vivos, incluso como las estrellas.

RESISTIR Y REIR
Las calles como ramas tiernas
eshiben muchachas en flor
justo donde anidan
todos los ojos de los dedos
y los vuelos sin contar sus pajaros.

Abundan las carantoñas
en las cornisas suicidas
y todos los pasos perdidos
remolonean en las verdes esquinas

De vez en cuando, una brisa lampiña
juguetona, excitada y ágil
silbando suavemente
melodías nómadas
se hace pasar por labios
entre los dedos que sueñan
rutas de las indias,
rutas de las sedas,
islas del tesoro
se hace pasar
por mastil corsario
allí entre las piernas
que arden
y donde todas las derrotas
son tiernas
allí a donde los ojos vuelan
espejismo de primavera,
adorables telegramas
de la efimera muerte
de los veticales besos.

Arden las esquinas
Y sus piernas enamoradas
de la pereza de los animales

A vida en tecnicolor

Palabras que flúen

por si solas,

desexosas de librarse

da sintaxe,

espalladas coma follas

de outuno,

vanse pousando,

revelando o que non estaba

na imaxe.

Poemas con vida propia

pestanexan.

aturdidos pola claridade

interior,

collen pulo,

dan un brinco,

e apodéranse

do proxector.

Amosándonos en pantalla,

en gloriosa panavisión,

a máis orixinal das películas,

a vida

en Tecnicolor.

Marisol Manfurada 1998

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alberto PIMENTA

Alberto Pimenta

Discurso do filho da puta

O pequeno filho da puta
é sempre
um pequeno filho da puta;
mas não há filho da puta,
por pequeno que seja,
que não tenha
a sua própria
grandeza,
diz o pequeno filho da puta.

no entanto, há
filhos-da-puta que nascem
grandes e filhos da puta
que nascem pequenos,
diz o pequeno filho da puta.
de resto,
os filhos da puta
não se medem aos
palmos,diz ainda
o pequeno filho da puta.

o pequeno
filho da puta
tem uma pequena
visão das coisas
e mostra em
tudo quanto faz
e diz
que é mesmo
o pequeno
filho da puta.

no entanto,
o pequeno filho da puta
tem orgulho
em ser
o pequeno filho da puta.
todos os grandes
filhos da puta
são reproduções em
ponto grande
do pequeno
filho da puta,
diz o pequeno filho da puta.

dentro do
pequeno filho da puta
estão em ideia
todos os grandes filhos da puta,
diz o
pequeno filho da puta.
tudo o que é mau
para o pequeno
é mau
para o grande filho da puta,
diz o pequeno filho da puta.

o pequeno filho da puta
foi concebido
pelo pequeno senhor
à sua imagem
e semelhança,
diz o pequeno filho da puta.

é o pequeno filho da puta
que dá ao grande
tudo aquilo de que
ele precisa
para ser o grande filho da puta,
diz o
pequeno filho da puta.
de resto,
o pequeno filho da puta vê
com bons olhos
o engrandecimento
do grande filho da puta:
o pequeno filho da puta
o pequeno senhor
Sujeito Serviçal
Simples Sobejo
ou seja,
o pequeno filho da puta.

II

o grande filho da puta
também em certos casos começa
por ser
um pequeno filho da puta,
e não há filho da puta,
por pequeno que seja,
que não possa
vir a ser
um grande filho da puta,
diz o grande filho da puta.

no entanto,
há filhos da puta
que já nascem grandes
e filhos da puta
que nascem pequenos,
diz o grande filho da puta.

de resto,
os filhos-da-puta
não se medem aos
palmos, diz ainda
o grande filho-da-puta.

o grande filho da puta
tem uma grande
visão das coisas
e mostra em
tudo quanto faz
e diz
que é mesmo
o grande filho da puta.

por isso
o grande filho da puta
tem orgulho em ser
o grande filho da puta.

todos
os pequenos filhos da puta
são reproduções em
ponto pequeno
do grande filho da puta,
diz o grande filho da puta.
dentro do
grande filho da puta
estão em ideia
todos os
pequenos filhos da puta,
diz o
grande filho da puta.

tudo o que é bom
para o grande
não pode
deixar de ser igualmente bom
para os pequenos filhos da puta,
diz
o grande filho da puta.

o grande filho da puta
foi concebido
pelo grande senhor
à sua imagem e
semelhança,
diz o grande filho da puta.

é o grande filho da puta
que dá ao pequeno
tudo aquilo de que ele
precisa para ser
o pequeno filho da puta,
diz o
grande filho da puta.
de resto,
o grande filho da puta
vê com bons olhos
a multiplicação
do pequeno filho da puta:
o grande filho da puta
o grande senhor
Santo e Senha
Símbolo Supremo
ou seja,
o grande filho da puta.

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TOMAS SEGOVIA en Ferrol, 5 de marzo

CLUB DE LECTURA DE POESIA

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El sindicato del mono degollado

El sindicato del mono degollado

Antes de entrar en el desierto
los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.
Hierocles derramó en la tierra
el agua de su cántaro y dijo:
Si hemos de entrar en el desierto,
ya estoy en el desierto.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es una parábola.
Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa.
Esa rosa es ahora mi tormento
en el oscuro reino.
A un hombre lo dejó una mujer.
Resolvieron mentir un último encuentro.
El hombre dijo:
Si debo entrar en la soledad
ya estoy solo.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es otra parábola.
Nadie en la tierra
tiene el valor de ser aquel hombre.
                            
                            un poema de Borges con comentarios al dorso

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Oir Afganistan supone para mi un dolor insoportable. Oir Afganistan es oir terror, es oir “sangriento cinismo”.
Afganistan representa la resistencia mas digna y a la vez terrible contra todo lo que Occidente representa como ente depredador a lo largo de todos estos años, en los cuales los factores estrategicos como las materias primas, los territorios en los que se encuentran, las vias de transporte, su trazado y proteccion, asi como las acciones encaminadas a impedir su apropiacion y uso por parte de potencias rivales, todo esto se hace partente de la forma mas cruel y terrible en todo lo que concierne a Afganistan, a las relacciones que desde Inglaterra a los USA, pasando por Alemania Y Rusia, sin olvidar los paises que lo circundan, han establecido desde muy temprano con este territorio. Y siempre para ser enterrados sucesivamente, imperios y sus sueños de codicia, en este asombroso pais, habitado por uno de los pueblos mas orgullosos, dignos, independientes y hospitalarios que jamas se ha conocido.
El articulo que inserto aqui a continuacuion todo lo que tiene de breve lo tiene de lucido, ilumina con palabras inteligentes lo que se juegan los USA, y con ellos Europa, con las decisiones que tomen los responsables americanos con respecto a su presencia en esta parte del mundo.

Rebelion. Si persisten en su estrategia Obama y la OTAN serán derrotados en Afganistán

Entre bastidores en el teatro del ‘terror’
Si persisten en su estrategia Obama y la OTAN serán derrotados en Afganistán

Pepe Escobar
Asia Times

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Afganistán no es sólo el cementerio de imperios; es un cementerio de conceptos erróneos.

Osama bin Laden, el líder de Al-Qaeda, creía que los muyahidín derrotaron por sí solos al imperio soviético; de modo que una banda muyahidín más compacta, al-Qaeda, sería la vanguardia en la derrota del imperio estadounidense. Nunca fue así de simple.

En EE.UU. vale el mito de que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) asestó a los soviéticos “su Vietnam”; que por lo tanto fue básicamente una victoria de EE.UU., en la que “los combatientes por la libertad” (copyright presidente Ronald Reagan) fueron los actores de reparto. Nunca fue así de simple.

El establishment de militar y de inteligencia paquistaní cree desde fines de los años setenta, que un Afganistán títere era esencial para su “profundidad estratégica”. Nunca fue así de simple.

También es útil recordar actualmente que poco ha cambiado respecto a la tragedia afgana en estas últimas tres décadas. Y eso hace que la próxima ‘oleada’ de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán sea un camino garantizado a la ruina.

Tras la cortina roja

Es fácil olvidar en EE.UU. que la inteligencia soviética a fines de 1979 estaba más que consciente de un inminente pacto antisoviético entre China y EE.UU. – que plasmaría lo que más temía la URSS: ser rodeada por poderes enemigos.

Había, por cierto, elementos políticos afganos que obligaron a actuar a los soviéticos. Moscú deseaba apoyar un gobierno comunista en Kabul, y estaba muy alerta ante la posibilidad de que la revolución islámica fuera exportada de Irán a Afganistán occidental.

Pero también existía el hecho de que unos 100 altos funcionarios soviéticos – incluyendo tres coroneles del KGB – habían sido asesinados por fundamentalistas tribales a plena vista del gobierno de entonces de Hafizullah Amin. (Después de la invasión soviética Amin fue despachado a la Lubyanka, la central del KGB en Moscú, y torturado: había hecho un tal lío en Kabul que se creía que era agente de la CIA. Amin fue finalmente ejecutado por “proceso administrativo” – un tiro en la nuca.)

El consejero de seguridad nacional del ex presidente de EE.UU. Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski – actualmente eminencia gris de la política exterior del presidente Barack Obama – ciertamente instrumentalizó a los muyahidín. Después de todo, lo que Zbig realmente quería – y logró – era “inducir una intervención militar soviética”.

Pero cuando Carter obtuvo su invasión, la interpretó como que la URSS realmente quería invadir el Golfo Pérsico y cortar el suministro de petróleo de “nuestro” mundo occidental. Pocas voces cuerdas en EE.UU. advirtieron que un tal intento de la URSS significaría una guerra nuclear con EE.UU.

El historiador, diplomático, estratega e ícono del establishment de la política exterior de EE.UU., George Kennan – autor de la estrategia de la “contención” del comunismo – fue una de esas voces; desechó a Carter por “inmaduro.”

Kennan también señaló dos puntos que siguen siendo extremadamente válidos hoy en día: que si el Golfo Pérsico era tan “vital” para EE.UU., se debía a la codicia de petróleo de EE.UU, y que la inestabilidad en Oriente Próximo no se debía a acciones de la URSS sino al conflicto israelí-palestino, en el que EE.UU. respalda ciegamente a un lado.

En caso de duda, adelántate a tu contrincante

Sobre todo, desde el punto de vista soviético, la invasión de Afganistán fue una clásica acción preventiva – una especie de repetición de la crisis de los misiles en Cuba. En 1962, Fidel Castro informó a Moscú que EE.UU. estaba preparando la invasión de Cuba. El alto comando soviético entonces propuso una acción preventiva – el despliegue de misiles en el entendimiento de que serían enviados de vuelta a casa en caso de protesta del presidente John F Kennedy, logra la inviolabilidad de Cuba.

En la invasión de Afganistán, que había tenido gobiernos pro-comunistas o pro-soviéticos durante los años anteriores – aunque su apoyo a Moscú no fue exactamente entusiasta – los soviéticos se anticipaban a la posibilidad de que a través de un pacto con EE.UU., China entrara en Afganistán siguiendo a su aliado, el ultraconservador Pakistán, y probablemente utilizando dinero estadounidense.

Por lo tanto la acción soviética se justificaba en términos de su estrategia de supervivencia. Pakistán ya estaba involucrado en aquel entonces en una operación – junto con China y EE.UU. – contra sectores políticos y sociales en Afganistán. Con la invasión de Afganistán y la victoria electoral de Indira Gandhi electoral en India, la URSS creó un títere.

Lo que nadie podía imaginar en 1979 era que el poderoso Ejército Rojo sería, si no derrotado, por lo menos paralizado por un puñado de guerreros montañeses con rifles. En cuanto a Pakistán, su plan maestro siempre fue controlar Afganistán, aunque fuera indirectamente, en nombre de su teoría de la “profundidad estratégica” (y eso no ha cambiado hasta hoy).

La influencia de movimientos izquierdistas en Afganistán ya se pudo observar en una elección más o menos libre en 1954, cuando la izquierda eligió a 50 congresistas de un total de 120. Una buena parte de esos izquierdistas eran nacionalistas e islamistas radicales. La URSS había estado ayudando a Afganistán desde la revolución de octubre de 1917. Igual que Moscú, Mohammed Daoud – quien depuso a su primo, el rey Zahir Shah en 1973 – quería modernizar Afganistán por la fuerza. El precedente no era muy alentador, es decir el fracaso del rey Amanullah en 1919, también apoyado por los rusos.

Incluso si Washington bajo Obama estuviera interesado actualmente (y no lo está), la modernización de Afganistán por la fuerza tampoco funcionaría. Lo que se necesitaría realmente es una sólida construcción de la nación – mucha inversión en educación e infraestructura que genere verdaderas oportunidades de empleo, mientras se asegura que el dinero no desaparezca en el agujero negro de la burocracia ministerial de Kabul.

Promover el socialismo, el progreso o simplemente la democracia en Afganistán sólo mediante la distribución de ayuda – sin cambiar fundamentalmente una estructura social centenaria – es imposible. Fue – y seguirá siendo – la clave para resolver el acertijo afgano, y es el motivo principal por el cual fracasará la ‘oleada’ de Obama, el Pentágono y la OTAN, total o a medias.

Como perder una ‘guerra civil revolucionaria’

En cuanto al fin de la invasión/ocupación soviética hace poco más de 20 años, la dinámica ha cambiado en comparación con los fines de los años setenta. Entonces había una distensión tanto con EE.UU. como con China. Un mito estadounidense dice que los soviéticos abandonaron Afganistán porque EE.UU. (y Pakistán, más dinero de Arabia Saudí) manipularon la mayor guerra de guerrillas del Siglo XX, cuyo golpe de gracia fueron esos preciosos misiles Stinger que la CIA terminó por enviar a los muyahidín.

Ésa fue sólo una entre una miríada de razones, todas relacionadas con un complicado desastre financiero en la URSS: la caída de los precios del petróleo y del gas; las secuelas de Chernobyl; un horrible terremoto en Armenia; un pésimo rendimiento en la agricultura; y la parálisis de la perestroika.

A comienzos de 1989, la mayoría de los rusos consideraba la invasión de Afganistán en diciembre de 1979 como un gran error. Además tuvieron que contar sus muertos. En la primera ola los muertos fueron uzbecos, tayikos, turcomanos y kirguizos. Después fueron bielorrusos, ucranianos, estonios y, sí, rusos.

Desde la paz de Brest Litovsk en 1918, los soviéticos nunca habían sufrido una derrota político-militar. Para los ideólogos oficiales cercanos al antiguo presidente soviético Mikhail Gorbachov, no se trataba de una guerra de conquista, sino de una guerra civil revolucionaria con la ayuda “internacionalista” de la URSS.

Pero esa “guerra civil revolucionaria” terminó por ser ganada por un montón de tribales musulmanes – Rabbani, Khalis, Abdul Haq, Gulbuddin Hekmatyar, Ahmad Shah Masoud, Ishmail Khan – y sus comandantes. (Es interesante recordar que Abdul Haq fue posteriormente muerto por los talibanes, Masoud fue muerto por al-Qaeda dos días antes del 11-S, Ishmail Khan sigue gobernando en Afganistán occidental y

Hekmatyar sigue siendo el más detestado por Washington que anda suelto.)

Desde el punto de vista de Moscú, por lo menos la frontera sur de la URSS estaba pacificada. Las unidades especiales del general Boris Gromov dejaron atrás millones de minas terrestres. Pero sobre todo la URSS – y EE.UU. – dejaron atrás un supurante ejército guerrillero a múltiples niveles, dividido entre siete partidos suníes, basados en Pakistán, y ocho partidos chiíes, apoyados por Irán. La perspectiva para Kabul era un escenario Saigón o un escenario Beirut. A fin de cuentas, ganó “Beirut”: de la situación libanesa ampliada surgió el Frankenstein de Pakistán – los talibanes.

Nunca se subrayará lo suficiente: casi todo talibán es pastún, pero no todo pastún es talibán. La actual estrategia de EE.UU. y la OTAN de una guerra contra campesinos pastunes es tan insensata como la guerra fracasada contra los baasistas en Iraq. (Casi todos los baasistas eran árabes suníes, pero no todo árabe suní era baasista.)

El general Gromov, ex comandante del 40 Ejército soviético en Afganistán – y actualmente gobernador de la región de Moscú – no escatimó sus palabras al “celebrar” el 20 aniversario de la retirada soviética, el 15 de febrero: “Pienso que la guerra fue un error político inmenso, y en muchos sentidos irreparable, de la dirigencia de la Unión Soviética de entonces.”

Actualmente Gromov subraya que “la región de Moscú envía regularmente ayuda humanitaria a Afganistán.” Si Obama hiciera un llamado a Gromov oiría algunas palabras aleccionadoras: persista en su “estrategia” y usted y la OTAN serán derrotados en el “cementerio de imperios.”

Vuelven los combatientes por la libertad

A diferencia de la retórica acostumbrada de Obama, Afganistán no es el “frente central en la guerra contra el terror”. La clave para el acertijo reside en los mandos medianos de la Inteligencia Inter-Servicios (ISI) y en el ejército paquistaní. La ISI “inventó” a los talibanes – y los mandos medianos y superiores, así como algunos oficiales pastunes del ejército, siguen apoyando totalmente no sólo a los talibanes “históricos” del grupo de Mullah Omar sino también a los neotalibanes de las variedades de Baitullah Mehsud y Maulana Sufi Mohammed.

El problema es que Washington no tiene la influencia, ni la credibilidad, ni la información confidencial necesarias para realizar una amplia purga de la ISI y del ejército paquistaní.

Y luego, existe el problema de la endémica corrupción afgana. Si un país suministra un 93% del opio del mundo, es definitivamente un narco-Estado. Puede que los talibanes no controlen la compleja red del cultivo de adormidera – pero se benefician con su transporte y contrabando.

La Alianza del Norte, hegemónica en el juego del poder en Kabul, está directamente involucrada, así como la familia pastún del presidente Hamid Karzai. Una medida adicional del desconcierto de Washington en Afganistán es que una nueva “solución” en discusión involucra librarse de Karzai e instalar a un nuevo dictador favorable/títere.

Obama – incluso sin estar familiarizado con el escenario Afganistán-Pakistán – tiene que ser suficientemente listo para ver la ‘oleada’ per se como una jugada suicida. El problema es que todavía parece creer que la guerra es “ganable”. Su última definición de “ganar”, durante su breve visita a Canadá, es “derrotar a al-Qaeda” y asegurar que el escenario Afganistán-Pakistán no sea una “rampa de lanzamiento para ataques contra Norteamérica.” De modo que, si esa es la misión tendrá que reconocer que el nodo crucial es Pakistán, no Afganistán.

En detrimento de políticas romantizadas, el 11-S nunca fue organizado en una cueva en Afganistán: fue tramado en células en Alemania y España por saudíes y paquistaníes, y no había un solo afgano entre ellos. Todos los ataques subsiguientes fueron planificados básicamente en Europa Occidental, no en Afganistán.

Por su parte, al-Qaeda “histórica” actual no tiene nada que ver con un Citigroup orientado hacia el terror; está compuesto por no más que unas pocas docenas de personajes tenebrosos – incluido Ayman al-Zawahiri – oculto con gran probabilidad en los Waziristanes y en los enormes espacios vacíos de Baluchistán.

Los problemas de Obama son exacerbados por el hecho de que está rodeado de gente, como el supremo del Pentágono Robert Gates, que siguen bloqueados en el modo de la “guerra contra el terror”/Guerra Prolongada. El vicepresidente Joe Biden y el enviado especial al teatro Afganistán-Pakistán, Richard Holbrooke – para no mencionar al general David “me estoy colocando para 2012” Petraeus – son halcones adverados. Harán todo lo posible por guiar las conclusiones de la revisión de la política estratégica en

Afganistán esperada por Obama hacia el concepto de la Guerra Prolongada.

Para Andrew Bacevich, profesor de Relaciones Internacionales y de Historia en la Universidad Boston, el senador John Kerry, presidente del comité de Relaciones Exteriores del Senado representa la última esperanza de cordura.

Nunca se subraya lo suficiente que el marco de la “guerra contra el terror” de Bush sigue en pleno vigor. Leon Panetta, presentado por Obama como director de la CIA, dijo que la CIA seguirá básicamente haciendo ‘entregas extraordinarias.’ Elena Kagan, presentada por Obama como subsecretaria de justicia, dijo que la detención indefinida sin juicio sigue en vigor – no importa dónde sea capturado el detenido. Y el subprocurador general Michael Hertz dijo que los detenidos en la base aérea Bagram en Afganistán siguen sin derechos legales. Si Obama habla en serio sobre el cierre de Guantánamo, tiene que hablar en serio sobre el cierre de Bagram.

La estrategia dual “Alianza occidental” en el teatro de operaciones Afganistán-Pakistán, en su condición actual, consiste en que EE.UU. y la OTAN ocupen las partes de Afganistán no ocupadas por los talibanes, mientras Washington soborna a Islamabad para que le permita atacar a campesinos pastunes dentro de las Áreas Tribales bajo Administración Federal de Pakistán (FATA).

No puede sorprender que después de perder de facto una guerra en Iraq contra un montón de “irregulares” con Kalashnikovs, el Pentágono esté ahora aterrado ante la posibilidad de que la OTAN esté a punto de perder definitivamente la guerra en Afganistán, demostrando así a todo el mundo su irrelevancia total – y destruyendo de una vez por todas el tambaleante pilar de la hegemonía de EE.UU. sobre Europa.

La OTAN es incompetente incluso en sus mentiras. Un informe de la OTAN en enero afirmó que “sólo” 973 civiles fueron muertos en Afganistán en 2008, y “sólo 97” de estos por la OTAN. Este mes, un informe de la ONU confirmó que la OTAN miente. Según la ONU, por lo menos 2.118 civiles afganos fueron muertos en 2008 – 828 de ellos por EE.UU. o la OTAN.

Todos hablan de que cazas jet de EE.UU. y aviones teledirigidos Predator de la CIA causan gran conmoción desde tres bases aéreas paquistaníes secretas – con el silencio cómplice de Islamabad. Pero nadie habla sobre el componente de “humint”, o inteligencia humana, de la guerra encubierta de EE.UU. en Afganistán, realizada por lo que el New York Times define, con hipocresía espectacular, como “unidades militares que operan fuera de la cadena normal de comando.”

Las fuerzas especiales de EE.UU. forman parte de esa mezcla mortífera. Un reciente informe de la ONU identifica a estos comandos de EE.UU. como los culpables cruciales en cuanto a la muerte de civiles afganos. Lo usual es que Washington identifique a grupos semejantes – cuando operan bajo una bandera, o religión, diferente – como “terroristas.”

En el caso de este nuevo engendro estadounidense, es justo esperar que el Pentágono y el establishment de Washington comiencen tarde o temprano a llamarlos – en un eco siniestro del reciente pasado afgano – “combatientes por la libertad.”

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Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge.” Acaba de aparecer su más reciente libro “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009).

Para contactos: pepeasia@yahoo.com.

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