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Archive for 18 marzo 2013

Las redes sociales contienen un arsenal de información sensible de cada uno de nosotros, casi siempre sin que seamos conscientes de que la estamos facilitando, incluso aunque estemos convencidos de que la ocultamos. Ya se sabía que la lista de amigos de un usuario de Facebook revela muchos datos sobre él, y hoy le toca el turno a los inocentes “me gusta” que uno pincha aquí y allá. Michal Kosinski y sus colegas del Centro de Psicometría de la Universidad de Cambridge han desarrollado un modelo matemático que permite deducir así la etnia, la orientación sexual, las tendencias políticas y las creencias religiosas de las personas. El caso Facebookleaks está en marcha.El modelo de KIosinski y sus colegas es un verdadero lince: acierta si un hombre es homosexual o heterosexual en el 88% de los casos; si una persona es de origen africano o caucásico en el 95%; si es de izquierdas o de derechas en el 85%. Hay otros atributos que también se pueden deducir, pero con menos precisión, como los rasgos de personalidad, la inteligencia, el grado de felicidad, el estado civil de los padres o la drogadicción.El trabajo no es una ocurrencia de tres científicos  Es la última muestra de una nueva disciplina llamada Ciencia Social Computacional que se dedica a extraer información personal de las redes sociales. Uno de sus objetivos es el marketing dirigido, los sistemas de “recomendación” personal y las máquinas de búsqueda  personalizada, todo ello en Internet. Los autores admiten, sin embargo, que “la disponibilidad generalizada de información sobre el comportamiento individual, junto con el deseo de aprender cada vez más sobre los consumidores y los ciudadanos, plantea graves desafíos en el terreno de la intimidad y la protección de datos”.Uno de los objetivos de esta ciencia social es el ‘marketing’ dirigido.Kosinski cita un ejemplo elocuente. Hace unos años, una de las principales cadenas norteamericanas de comercio por Internet utilizó los datos de sus clientes -quién había compra qué cosa en qué fecha- para adivinar los embarazos de las clientas. Cuando una empieza a interesarse por las páginas de patucos y a encargar el último numero de ‘Ser padres‘, ya está retratada en los algoritmos. La intención de la cadena comercial era lícita, o al menos legal: freír con publicidad de artículos prenatales al selecto grupo de las clientas embarazadas, y en las fechas adecuadas, en lugar de irritar a todo el mundo con anuncios improcedentes. Un ejemplo del marketing dirigido. “Pero también podría desencadenar una tragedia“, advierte Kosinski. “Por ejemplo, si revelara a la familia el embarazo de una mujer soltera en una cultura donde esto sea inaceptable“.No es la primera vez, ni mucho menos que los sociólogos computacionales explotan los secretos ocultos entre la letra pequeña de Facebook y otros portales públicos. Las estadísticas sobre las páginas web que uno visita, por ejemplo, permiten predecir su edad, sexo, profesión, nivel educativo y varios rasgos de su personalidad. También se ha deducido mucha información personal a partir de las colecciones de música (como las listas de reproducción que uno guarda en Spotify o iTunes), el lenguaje que uno usa en sus tweets y la lista de amigos en Facebook. La nueva investigación utiliza los ‘me gusta‘ que uno pincha mientras navega.Los ‘me gusta‘ han resultado una mina de oro íntimo. La gente puede pinchar me gusta para celebrar la última ocurrencia de un amigo suyo, o de cualquier otro, una foto, o un producto comercial, también deportistas, escritores o pianistas, y por tanto las cosas que a uno le gustan revelan pautas sobre todo eso.Kosinski propone de forma explícita algunas aplicaciones comerciales de estas técnicas. Una compañía de seguros, por ejemplo, puede saber cuáles de sus potenciales clientes son neuróticos y cuáles estables emocionalmente, y así dirigirse a los primeros vendiéndoles valores de la seguridad, y a los segundos los peligros de la vida moderna. También podrían subirle la póliza a los depresivos, aunque Kosinski no menciona esta posibilidad.Pero el científico reconoce las posibles consecuencias dañinas de estos modelos, porque “pueden aplicarse a enormes muestras de gente sin obtener su consentimiento, y sin que siquiera lo sepan“. Pues ya lo saben.Kosinski y otro de los autores del trabajo, David Stillwell, muestran la predicción de la personalidad en http://www.youarewhatyoulike.com

vía Tus ‘me gusta’ delatan tu intimidad..

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Juan Sánchez, dramaturgo, alma de La Zaranda | Cultura | EL PAÍS.

 

uan Sánchez, ‘Juan de La Zaranda’, dramaturgo. / DIARIO DE CÁDIZ

La Zaranda (premio Nacional de Teatro 2010) es un grupo mítico en Latinoamérica y una formación de culto, ritual y poética para las gentes de la escena europea. Su trayectoria e historia no hubieran sido las mismas sin Juan de la Zaranda, seudónimo que siempre utilizó Juan Sánchez desde que fundara este grupo en 1978 con los que siempre llamó sus hermanos, alguno incluso de sangre: Paco de la Zaranda, Eusebio Calonge, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos.

Todos ellos también eligieron como nombre Teatro Inestable de Andalucía La Baja, dejando claro de esa manera su nomadismo y su precariedad, y todos ellos velaron ayer el cuerpo de Juan en el tanatorio de Jerez de la Frontera (Cádiz). Ciudad en la que todos nacieron y crecieron, en la que Juan nació en 1954 en la calle Juan Sánchez, en la que falleció el martes a las cuatro y media de la madrugada (hora a la que tantas veces se retiraba) y en la que será incinerado hoy a las once de la mañana. Preguntado su hermano Paco sobre la causa de la muerte, contestaba con apenas un hilo de voz, al más puro estilo zarandiano: “¿La causa de la muerte? Pues la vida. Estaba mal”.

En una pequeña autobiografía de Juan escrita con su seudónimo de escribidor, el dramaturgo afirmaba: “Grito claramente la esencialidad de mi obra con el Teatro de la Zaranda, con los que escribo: Los tinglaos de María Castaña (1982), Ojú, ojú, ojú (1983), Mariameneo, Mariameneo (1985) y Vinagre de Jerez, subtitulada Estudio dramático para una seguiriya (1987)”. Con esta última obra, La Zaranda hizo gira por medio mundo consiguiendo, más que espectadores fieles, auténticos feligreses de un culto escénico que nadie pudo ni supo imitar sobre un escenario y cuyo relevo tomó con pulso firme Eusebio Calonge, autor de La Zaranda y un trasunto contemporáneo de Valle-Inclán (con el que guarda un asombroso parecido físico… y mental), investido con el aliento poético de Juan Sánchez desde que el dramaturgo fallecido ayer iniciara su silenciosa retirada. Poco antes de emprenderla, escribió: “No sé lo que busco. ¿Una verónica de Rafael de Paula, un verso de Antonio Machado, un cante por bajito del Monea? Los nombro con prudencia, me desdigo, me repito, avanzo y retrocedo. Tal vez el intento de devolver al teatro ese eco de seguiriya que la historia me prestó”.

Desde esos primeros cuatro espectáculos marcados, ya para siempre y hasta ahora, por la poética de Sánchez, el sello de los zarandos, como les llaman en la profesión teatral, es convertir su teatro en un rito, no en una forma de hablar sino de actuar: “El origen del teatro es anterior a la escritura y el hablar se convierte en una acción, y esta acción no es propia sino revelada (…) porque en el teatro, como en la vida, nuestras obsesiones fundamentales: el amor, la muerte… van más allá de lo cotidiano, ocupan también nuestros sueños”.

Para un grupo como La Zaranda, el texto es una semilla que el autor deja caer en los personajes, y la mayoría de las veces, “los actores destrozamos esa semilla, tiene que morir para que salga algo vivo entre nosotros; los personajes que crea la compañía, que han creado Juan y Eusebio, habitan en la conciencia del espectador y el actor busca un recuerdo imborrable en la memoria del público. Si conseguimos eso significará que el misterio oculto en la obra habrá aflorado”, afirmaba no hace mucho Paco de la Zaranda refiriéndose al teatro escrito para ellos por Calonge y el dramaturgo ahora desaparecido, que siempre buscaba con su escritura descubrir lo más íntimo y silencioso que habita en la soledad del ser humano y para ello siempre renunció a la chabacanería, a lo fácil, al pelotazo, a la cacharrería intelectual y al andalucismo barato. Quien ha visto alguna vez en un escenario a La Zaranda sabe que lo que este grupo ofrece es algo más que teatro y que su poética, sus mundos apocalípticos, su estética y su ética de perdedores y, sobre todo, su ritual mirada lúcida, cruenta, tierna y existencialista tiene su origen claro y diáfano en la escritura dramática de Juan Sánchez, amigo íntimo de artistas flamencos como Ana y Manuel Parrilla, Diego Rubichi y Manuel Morao (y su compañía de Gitanos de Jerez), con quienes trabajó y para la que creó el espectáculo Tierra cantaora. Otros de sus trabajos fueron La vida es así y solo Dios, que la ha hecho, sabrá el porqué y en 1992 Antígona Monge, un estudio flamenco sobre la obra de Sófocles, Sur-Hondo (cuatro estaciones para el baile) o Pregón Mascandé.

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