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Archive for the ‘poesia’ Category

Origen: poesia salvaxe: RETRATOS PARA UN LARGO ADIOS (Javier Insausti Gvich)

RETRATOS PARA UN LARGO ADIÓS

¿En dónde, sino aquí, en dónde mejor? Aquí, en este espacio de encuentros

y desencuentros y vuelta a empezar; de miradas reflejadas y perdidas

y otra vez encontradas, como por azar, en los espejos; de amor y de desamor; de amistad y amistad; de resistencia y resistencia; de estar y no estar: de ser, de hablar, de escuchar, de leer, en libertad. Aquí, en este espacio que no pudieron destruir  banderas victoriosas que amenazan con volver a amanecer.

En este espacio que hay que volver a defender. Aquí, en la vida, en este Largo Adiós.

Aquí estáis otra vez juntos, como cualquier tarde, cualquier mañana o noche, vivos y muertos, salvados, todos, para siempre y para nunca, del paso del tiempo, retenidos, un  instante, de la voracidad del paso del tiempo; sorprendido cada uno en su gesto, en su forma de ser y de estar, envuelto en su aura, en sus sombras

y en su luz. Otra vez juntos, aquí, en la vida que no cesa, en este Largo Adiós.

Aquí está quien os miró y nos ayudó, como nos ayudamos todos, cada uno con sus artes, a vernos mejor, a quitar brumas y mentiras, a despejar el día, a ver cómo empiezan a brotar, en las ramas del día gris de hoy, frutos más claros, más brillantes, mañana.

Aquí está también él, en nuestra vida, en este Largo Adiós.

Mírate, mirado. Mírales cómo te miran. Sálvate. Sálvalos. Prolonga este hermoso y terrible  y hermoso, este gozoso y triste y gozoso, este largo y breve, este Largo Adiós.

JAVIER INSAUSTI CATÓN (Vitoria 1952-Valladolid 2019) fue uno de los socios fundadores de este espacio de libertad y de palabras en el que seguimos encontrándonos  sin necesidad de quedar. Fotógrafopoeta, (así, junto) ha realizado varias exposiciones individuales y colectivas. Su amor, Marisa González, ha hecho posible esta exposición que estás viendo  y está preparando otras dos muestras de su obra, una en Valladolid y otra en Zahara de los Atunes,

a las que, desde ahora, estás, como en los viejos tiempos pero en voz alta, convocado.

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Hoxe é domingo, e todo espera, por Karlotti

Hoxe é domingo, e todo espera
 
 
Ronronea a preguiza
sobre os copos das árbores
escabullense gatos en ascuas
entreverado o frío fuciño
dun outono á intemperie
mentres o vento zurce barcos
nos acantilados que cantan
doces cantigas de outrora
Ronronean as fiestras
no colo das nubes
mentres a terca servidume
dunha choiva inconsolable
teclea versos nas follas mortas.
 
Charquiños de tinta entre os teus dedos
 
 
gatoJo
Gato de Jo esperando el regreso
 
Ronronea la pereza
sobre los copos de los árboles
se deslizan gatos en ascuas
entreverado el frío hocico
de un otoño a la intemperie
mientras el viento zurce barcos
en los acantilados que cantan
dulces cantigas de antaño
Ronronean las ventanas
en el regazo de las nubes
mientras la terca servidumbre
de una lluvia inconsolable
teclea versos en las hojas muertas.
Charquitos de tinta entre tus dedos
 
 
(karlotti)

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«Nuestra barca, alzada en las brumas inmóviles, se orienta hacia el puerto de la miseria, la enorme ciudad del cielo manchado por fuego y lodo. ¡Ah, los andrajos podridos, el pan mojado en lluvia, la ebriedad, los mil amores que me crucificaron!…»
AR

el barco de piño

«El barco ebrio»

Yo sentí al descender los impasibles Ríos
que ya no me sirgaban mis conductores rudos;
de blanco a pieles-rojas chillones y bravíos
sirvieron en los postes, clavados y desnudos.

Por las tripulaciones nunca tuve interés
y cuando terminó la cruel algarabía,
a mí, barco de trigo y de algodón inglés,
me dejaron los Ríos ir adonde quería.

Bogué en un cabrilleante furor de marejadas
más sordo e insensible que meollo de infantes
y las viejas Penínsulas por el mar desgajadas
no han sufrido vaivenes más recios y triunfantes.

La tempestad bendijo mi despertar marino.
Diez noches he bailado más leve que un tapón
sobre olas que a las víctimas abrían el camino,
sin lamentar la necia mirada de un farón.

Cual para el niño poma modorra, regodeo
fue para el agua verde este casco de pino;
dispersando el timón y perdiendo el arpeo
me lavó de inmundicias y de manchas de vino.

Desde entonces me baña el poema del mar
lactascente, infundido de astros; muchas veces,
devorando lo azul, en él se va pasar
un pensativo ahogado de turbias palideces.

Algo tiñe la azul inmensidad y delira
en ritmos lentos, bajo el diurno resplandor.
Más fuerte que el alcohol, más vasta que una lira
fermenta la amargura de las pecas de amor.

He visto las resacas, la tormenta sonora,
las corrientes, las mangas -y de todo sé el nombre-;
cual vuelo de palomas a la exaltada aurora,
y alguna vez he visto lo que cree ver el hombre.

Yo he visto al sol manchado de místicos horrores,
alumbrando cuajados violáceos sedimentos.
Cual en dramas remotos los reflujos actores
lanzaban en un vuelo sus estremecimientos.

Soñé en la noche verde de espuma y nieve ahita
-en los ojos del mar, lentos besos de amor-
y en la circulación de la savia inaudita
que arrastra áureo y azul, al fósforo cantor.

Asaltando arrecifes, un mes tras otro mes,
seguí a la marejada histérica y vesánica,
sin creer que las Marías con sus fúlgidos pies
cortaran el resuello a la jeta oceánica.

¡No sabéis… ! Dí con muchas increíbles Floridas,
con ojos de panteras y con pieles humanas
mezclábanse arcos-iris, tendidos como bridas,
al rebaño marino de las verdosas lanas.

He visto fermentar las enormes lagunas
en cuyas espadañas se pudre un Leviathán
y he visto, con bonanza, desplomándose algunas
cataratas remotas que a los abismos van…

Vi el sol de plata, el nácar del mar, el cielo ardiente,
horrores encallados en las pardas bahías
y mucha retorcida y gigante serpiente
cayendo de los árboles, con fragancias sombrías.

Quisiera yo enseñar a un niño esas doradas
de la onda azul. pescados cantores, rutilantes…
Me bandijo la espuma al salir de las radas
y el inefable viento me elevó por instantes…

Fui mártir de los polos y las zonas hastiado,
el sollozo del mar dulcificó mi arfada;
con flores amarillas ventosas fui obsequiado,
y me quedé como una mujer arrodillada.

Igual que una península llevaba las disputas
y el fimo de chillonas aves de ojos melados,
y mientras yo bogaba, de entre jarcias enjutas
bajaban a dormir, de espaldas, los ahogados.

Y yo, barco perdido entre la cabellera
de ensenadas, al éter echado por la racha,
no merecí el remolque de anseáticas veleras
ni de los monitores, nave de agua borracha.

Humeante, libre, ornado de neblinas violetas
segué el cielo rojizo con brío de segur
llevando -almíbar grato a los buenos poetas-
mis líquenes de sol y mis mocos de azur.

Las lúnulas eléctricas me fueron recubriendo,
almadía, escoltada por negros hipocampos.
Las ardientes canículas golpearon abatiendo
en trombas, a los cielos de ultramarinos lampos.

Yo que temblé al oír a través latitudes
el rugir de los Behemots y los Maelstroms en celo,
eterno navegante de azuladas quietudes,
por los muelles de Europa ahora estoy sin consuelo.

Yo vi los archipiélagos siderales que el hondo
y delirante cielo abren al bogador.
¿Te recoges tú y duermes en las noches sin fondo,
millón de aves de oro, venidero Vigor?

El acre amor me ha henchido de embriagador letargo.
Lloré mucho. Las albas son siempre lacerantes.
Toda luna es atroz y todo sol amargo.
¡Que se rompa mi quilla y vaya al mar cuanto antes!

Si yo ansío algún agua de Europa es la del charco
negro y frío en el cual, al caer la tarde rosa,
en cuclillas y triste, un niño suelta un barco
endeble y delicado como una mariposa.

Ya nunca más podré, olas acariciantes,
aventajar a otros transportes de algodón,
ni cruzando el orgullo de banderas flameantes
nadar junto a los ojos horribles de un pontón.

Arthur Rimbaud

Poema original en francés:

«Le bateau ivre»

Comme je descendais des Fleuves impassibles,
Je ne me sentis plus guidé par les haleurs :
Des Peaux-Rouges criards les avaient pris pour cibles,
Les ayant cloués nus aux poteaux de couleurs.

J’étais insoucieux de tous les équipages,
Porteur de blés flamands ou de cotons anglais.
Quand avec mes haleurs ont fini ces tapages,
Les Fleuves m’ont laissé descendre où je voulais.

Dans les clapotements furieux des marées,
Moi, l’autre hiver, plus sourd que les cerveaux d’enfants,
Je courus ! Et les Péninsules démarrées
N’ont pas subi tohu-bohus plus triomphants.

La tempête a béni mes éveils maritimes.
Plus léger qu’un bouchon j’ai dansé sur les flots
Qu’on appelle rouleurs éternels de victimes,
Dix nuits, sans regretter l’oeil niais des falots !

Plus douce qu’aux enfants la chair des pommes sûres,
L’eau verte pénétra ma coque de sapin
Et des taches de vins bleus et des vomissures
Me lava, dispersant gouvernail et grappin.

Et dès lors, je me suis baigné dans le Poème
De la Mer, infusé d’astres, et lactescent,
Dévorant les azurs verts ; où, flottaison blême
Et ravie, un noyé pensif parfois descend ;

Où, teignant tout à coup les bleuités, délires
Et rhythmes lents sous les rutilements du jour,
Plus fortes que l’alcool, plus vastes que nos lyres,
Fermentent les rousseurs amères de l’amour !

Je sais les cieux crevant en éclairs, et les trombes
Et les ressacs et les courants : je sais le soir,
L’Aube exaltée ainsi qu’un peuple de colombes,
Et j’ai vu quelquefois ce que l’homme a cru voir !

J’ai vu le soleil bas, taché d’horreurs mystiques,
Illuminant de longs figements violets,
Pareils à des acteurs de drames très antiques
Les flots roulant au loin leurs frissons de volets !

J’ai rêvé la nuit verte aux neiges éblouies,
Baiser montant aux yeux des mers avec lenteurs,
La circulation des sèves inouïes,
Et l’éveil jaune et bleu des phosphores chanteurs !

J’ai suivi, des mois pleins, pareille aux vacheries
Hystériques, la houle à l’assaut des récifs,
Sans songer que les pieds lumineux des Maries
Pussent forcer le mufle aux Océans poussifs !

J’ai heurté, savez-vous, d’incroyables Florides
Mêlant aux fleurs des yeux de panthères à peaux
D’hommes ! Des arcs-en-ciel tendus comme des brides
Sous l’horizon des mers, à de glauques troupeaux !

J’ai vu fermenter les marais énormes, nasses
Où pourrit dans les joncs tout un Léviathan !
Des écroulements d’eaux au milieu des bonaces,
Et les lointains vers les gouffres cataractant !

Glaciers, soleils d’argent, flots nacreux, cieux de braises !
Échouages hideux au fond des golfes bruns
Où les serpents géants dévorés des punaises
Choient, des arbres tordus, avec de noirs parfums !

J’aurais voulu montrer aux enfants ces dorades
Du flot bleu, ces poissons d’or, ces poissons chantants.
– Des écumes de fleurs ont bercé mes dérades
Et d’ineffables vents m’ont ailé par instants.

Parfois, martyr lassé des pôles et des zones,
La mer dont le sanglot faisait mon roulis doux
Montait vers moi ses fleurs d’ombre aux ventouses jaunes
Et je restais, ainsi qu’une femme à genoux…

Presque île, ballottant sur mes bords les querelles
Et les fientes d’oiseaux clabaudeurs aux yeux blonds.
Et je voguais, lorsqu’à travers mes liens frêles
Des noyés descendaient dormir, à reculons !

Or moi, bateau perdu sous les cheveux des anses,
Jeté par l’ouragan dans l’éther sans oiseau,
Moi dont les Monitors et les voiliers des Hanses
N’auraient pas repêché la carcasse ivre d’eau ;

Libre, fumant, monté de brumes violettes,
Moi qui trouais le ciel rougeoyant comme un mur
Qui porte, confiture exquise aux bons poètes,
Des lichens de soleil et des morves d’azur ;

Qui courais, taché de lunules électriques,
Planche folle, escorté des hippocampes noirs,
Quand les juillets faisaient crouler à coups de triques
Les cieux ultramarins aux ardents entonnoirs ;

Moi qui tremblais, sentant geindre à cinquante lieues
Le rut des Béhémots et les Maelstroms épais,
Fileur éternel des immobilités bleues,
Je regrette l’Europe aux anciens parapets !

J’ai vu des archipels sidéraux ! et des îles
Dont les cieux délirants sont ouverts au vogueur :
– Est-ce en ces nuits sans fonds que tu dors et t’exiles,
Million d’oiseaux d’or, ô future Vigueur ?

Mais, vrai, j’ai trop pleuré ! Les Aubes sont navrantes.
Toute lune est atroce et tout soleil amer :
L’âcre amour m’a gonflé de torpeurs enivrantes.
Ô que ma quille éclate ! Ô que j’aille à la mer !

Si je désire une eau d’Europe, c’est la flache
Noire et froide où vers le crépuscule embaumé
Un enfant accroupi plein de tristesse, lâche
Un bateau frêle comme un papillon de mai.

Je ne puis plus, baigné de vos langueurs, ô lames,
Enlever leur sillage aux porteurs de cotons,
Ni traverser l’orgueil des drapeaux et des flammes,
Ni nager sous les yeux horribles des pontons.

Arthur Rimbaud

Poema traducido al inglés:

«The Drunken Boat»

As I was floating down unconcerned Rivers
I no longer felt myself steered by the haulers:
Gaudy Redskins had taken them for targets
Nailing them naked to coloured stakes.

I cared nothing for all my crews,
Carrying Flemish wheat or English cottons.
When, along with my haulers those uproars were done with
The Rivers let me sail downstream where I pleased.

Into the ferocious tide-rips
Last winter, more absorbed than the minds of children,
I ran! And the unmoored Peninsulas
Never endured more triumphant clamourings

The storm made bliss of my sea-borne awakenings.
Lighter than a cork, I danced on the waves
Which men call eternal rollers of victims,
For ten nights, without once missing the foolish eye of the harbor lights!

Sweeter than the flesh of sour apples to children,
The green water penetrated my pinewood hull
And washed me clean of the bluish wine-stains and the splashes of vomit,
Carrying away both rudder and anchor.

And from that time on I bathed in the Poem
Of the Sea, star-infused and churned into milk,
Devouring the green azures; where, entranced in pallid flotsam,
A dreaming drowned man sometimes goes down;

Where, suddenly dyeing the bluenesses, deliriums
And slow rhythms under the gleams of the daylight,
Stronger than alcohol, vaster than music
Ferment the bitter rednesses of love!

I have come to know the skies splitting with lightnings, and the waterspouts
And the breakers and currents; I know the evening,
And Dawn rising up like a flock of doves,
And sometimes I have seen what men have imagined they saw!

I have seen the low-hanging sun speckled with mystic horrors.
Lighting up long violet coagulations,
Like the performers in very-antique dramas
Waves rolling back into the distances their shiverings of venetian blinds!

I have dreamed of the green night of the dazzled snows
The kiss rising slowly to the eyes of the seas,
The circulation of undreamed-of saps,
And the yellow-blue awakenings of singing phosphorus!

I have followed, for whole months on end, the swells
Battering the reefs like hysterical herds of cows,
Never dreaming that the luminous feet of the Marys
Could force back the muzzles of snorting Oceans!

I have struck, do you realize, incredible Floridas
Where mingle with flowers the eyes of panthers
In human skins! Rainbows stretched like bridles
Under the seas’ horizon, to glaucous herds!

I have seen the enormous swamps seething, traps
Where a whole leviathan rots in the reeds!
Downfalls of waters in the midst of the calm
And distances cataracting down into abysses!

Glaciers, suns of silver, waves of pearl, skies of red-hot coals!
Hideous wrecks at the bottom of brown gulfs
Where the giant snakes devoured by vermin
Fall from the twisted trees with black odours!

I should have liked to show to children those dolphins
Of the blue wave, those golden, those singing fishes.
– Foam of flowers rocked my driftings
And at times ineffable winds would lend me wings.

Sometimes, a martyr weary of poles and zones,
The sea whose sobs sweetened my rollings
Lifted its shadow-flowers with their yellow sucking disks toward me
And I hung there like a kneeling woman…

Almost an island, tossing on my beaches the brawls
And droppings of pale-eyed, clamouring birds,
And I was scudding along when across my frayed cordage
Drowned men sank backwards into sleep!

But now I, a boat lost under the hair of coves,
Hurled by the hurricane into the birdless ether,
I, whose wreck, dead-drunk and sodden with water,
neither Monitor nor Hanse ships would have fished up;

Free, smoking, risen from violet fogs,
I who bored through the wall of the reddening sky
Which bears a sweetmeat good poets find delicious,
Lichens of sunlight with azure snot,

Who ran, speckled with lunula of electricity,
A crazy plank, with black sea-horses for escort,
When Julys were crushing with cudgel blows
Skies of ultramarine into burning funnels;

I who trembled, to feel at fifty leagues’ distance
The groans of Behemoth’s rutting, and of the dense Maelstroms
Eternal spinner of blue immobilities
I long for Europe with it’s aged old parapets!

I have seen archipelagos of stars! and islands
Whose delirious skies are open to sailor:
– Do you sleep, are you exiled in those bottomless nights,
Million golden birds, O Life Force of the future? –

But, truly, I have wept too much! The Dawns are heartbreaking.
Every moon is atrocious and every sun bitter:
Sharp love has swollen me up with heady langours.
O let my keel split! O let me sink to the bottom!

If there is one water in Europe I want, it is the
Black cold pool where into the scented twilight
A child squatting full of sadness, launches
A boat as fragile as a butterfly in May.

I can no more, bathed in your langours, O waves,
Sail in the wake of the carriers of cottons,
Nor undergo the pride of the flags and pennants,
Nor pull past the horrible eyes of the hulks.

Arthur Rimbaud

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CUANTA RISA COMÍ CONTIGO y tú guisando un hueso

calavera con flor recortada

Si me ves

Una sonrisa

Y una cesta de pan

En las manos,

No es un misterio:

Sabes

Que estoy contemplando

El pasado.

El pasado

Es hoy

          (Alberto Pimenta)

Lo que la amistad genera es el estar vivos hasta que el último se vaya. De momento no ha sucedido, aunque ya formáis una poblada y apacible aldea los que habéis partido Nos criamos a la intemperie, y habitamos muy pronto el mundo que nos correspondía que no era precisamente nuestro mundo, este, iríamos levantándolo en nuestros corazones. De ahí nuestra perpetua desobediencia ante todo aquello que según descubríamos se nos revelaba falaz, cruel, injusto, lleno de miedos y represión, de verdades a medias, de silencios nefastos, el suelo que pisábamos estaba manchado de sangre, de una sangre que hasta el día de hoy aún no muestra todos sus nombres.

Apareciste ahí, entre los sueños y la generosidad, y supe que había encontrado un compañero para las incursiones furtivas en los territorios solapados por un poder al que jamas le otorgamos la menor autoridad.

“Nosotros estábamos tejidos con la tela con la que están hechos lo sueños”. Vivíamos como creíamos que debíamos vivir, y así hasta hoy. Y en la Vía Pública.

Conocernos formaba parte, sin duda, de ese azar que a veces no es manipulado por los dioses, y que conlleva la voluntad de ser uno mismo, alguien que no dejas de inventarte hasta la muerte, incluso la muerte pasa a ser pronto parte de ese “proyecto”.

Ni yo ni la gente que ha bebido conmigo nos hemos sentido avergonzados en ningún momento por nuestros excesos. Fuimos excesivos y desobedientes, pero sobre todo supimos muy temprano que no era posible vivir sin amar.

 

Pasa, a veces, una muchacha

con una sonrisa entre los párpados

Y acontece un temblor de raíces

y se le seca el paladar al dia

mientras cruzan furtivos

los pesares, los entierros, los sermones

la santa madre iglesia

no la que reza en las caracolas

ni en las esquinas donde

en carne viva los misterios

se pasan de boca en boca

como tizones encendidos

de un mañana que repartimos

como pan amasado por mas mar

que el que administra la luna.

Pasa, a veces, una muchacha

y tamborilea la luz que nos inventa

funambulistas atravesando el universo

 

Descubrir el amor

es levantarle la tapa de los sesos

a la muerte

armar la cartografía del corazón

abrir las manos a las derrotas

las adorables derrotas

que nos empujan siempre de regreso

siempre hacia las islas de tesoro

que solo los náufragos alcanzan.

Y en la solapa del alma

la inmarchitable rosa de los vientos.

 

Os acordáis de cuando 

izábamos silencios en las avenidas

desplegamos la estupefacta belleza

de perdernos

corriamos de pronto, súbitamente

como demenciales criaturas del futuro

y abríamos a la canal 

la ruin necedad de los Gobiernos

Os acordáis cuando jugábamos

a meter miedo, a espantar 

a los sumos sacerdotes, nosotros

que éramos objetivos capitales del terror 

Sabíamos del tacto de los sueños

y así trazabamos incursiones

e ignoramos los decretos de los esbirros

de los mercachifles que abaratan 

las lenguas y los árboles

donde se cita la alegría de estar vivos

con el origen de las especies.

 

Los Museos fueron desde un principio

objeto de rituales de apareamiento

es un secreto a voces

que todos hemos hecho el amor

en el tiempo muerto de Magritte

y con William Blake, descubrimos

la divinidad del mundo sin un solo dios verdadero.

 

Y no dejamos de bailar sobre las tumbas

de sus miedos, de sus empresas 

de productos cosméticos que tanta muerte 

cosechan haciendo de los veranos

estancias para momias esmaltadas

que estampan a los pájaros en sus vuelos

e intoxican a los niños que no duermen.

 

Y bailamos malditos, y bailamos 

hasta hacer música con los escaparates

y las piedras y sus congéneres, las ramas.

 

Y hasta hoy andarnos por las ramas

sobre la espuma de los días

es algo que nos encanta hacer

en las trastiendas de las barricadas.

 

  

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kini y alfredo

Nosotros usábamos relucientes botas

y los trenes eran distancias maravillosas.

Nos cortaban el pelo al cero, y lo dejamos crecer como la noche.

Jamás regresábamos

y desdeñosos dejábamos que pasara el alba primero.

Nos veíamos para amar en torreones insomnes y medievales

Y bebíamos como sabios inocentes para no olvidar los días.

 

Cantábamos con las manos guitarras jamás vistas

y bailábamos como salvajes canciones

que se traducían en besos.

Teníamos fe en la falta de fe como decía Seeger

y olvidábamos el hogar para siempre entre  muslos intactos

e intactos permanecíamos a pesar del miedo armado y mezquino

 

Nos cambiamos de nombre muchas veces y asaltamos el orden

otras tantas, por nuestras venas corrían todas las consignas rojas y negras

Nadie  pudo jamás impedir que Poe compartiera las aceras con nuestro delirio

Pero nunca faltábamos a la cita con un puñado de brasas bajo el brazo

Aprendimos todas las estrategias para fracasar apasionados

Era un modo de hacer clandestina la humilde felicidad de estar vivos

 

Y aquí estamos y es fácil saber que era aquí donde íbamos a veros

y ya veis, en esto tampoco hemos fallado.

 (dedicado a todos nosotros que hicimos de la amistad la barricada más hermosa contra la muerte en vida)

 

EL SILENCIO ESTA LLENO DE PALABRAS EN BLANCO ESPERANDO EN LA PUNTA DE TU LENGUA

Mañana las calles se llenaran de voces en flor, que se marchitaran y más flores imparables irán borrando de la faz de las albas por venir esa negra leche que amarga hasta la mismísima risa de las piedras hasta el puto llanto.

Mañana tejiendo aire en el dorso de un cansancio que se agota.

Lo saben y preparan los ladridos. Ni los perros están con ellos. Las porras son su miedo.

Algo acontece que hasta las tardes rejuvenecen planeando sobre nuestra nómada conciencia. Estos días de resistencia y risa las tardes son cometas de Asia. Felizmente desorientados, desobedecemos el diagnóstico, en las solapas de las citas, la rosa de los vientos.

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Origen: Recordando a la Beat generation | Periodistas en Español

 

Recordando a la Beat generation

Se cumplen 50 años de la muerte de Jack Kerouac

El 21 de octubre de 1969 fue un día triste para la literatura. A las cinco de la mañana moría en un hospital de la localidad de San Petersburgo, Florida, a los 47 años, el escritor Jack Kerouac, víctima de una cirrosis hepática provocada por los excesos del alcohol.

En cierto momento de la vida de una persona, la mirada de Jack Kerouac se vuelve vergonzosa. Fotografía de Fred DeWitt / Centro de Historia Regional del Condado de Orange
En cierto momento de la vida de una persona, la mirada de Jack Kerouac se vuelve vergonzosa. Fotografía de Fred DeWitt / Centro de Historia Regional del Condado de Orange

Con él desaparecía el máximo representante de la llamada Generación beat, un grupo de escritores y poetas que en los años cincuenta trataron de subvertir la literatura norteamericana desde nuevos presupuestos culturales y sociales.

Se apagaba la luz de una generación que había influido en el movimiento hippie y en la música popular de los años sesenta y su desaparición  coincidía con el fin de una época: ese mismo año los Beatles grababan “Abbey Road”, su último disco antes de la separación.

Para la literatura

Hijo del impresor Léo Kéroak, del que heredó su apellido (deformado), nacido en la localidad de Lowell, Massachusets, de un matrimonio americano-canadiense, Kerouac trabajó de joven en la marina mercante. Esta experiencia le sirvió para escribir su primer libro, “El mar es mi hermano”, que no se publicó hasta 2011, 42 años después de su muerte.

Accedió a casarse con Eddie Parker, su primera esposa (tuvo tres), a cambio de que su padre pagara una fianza para sacarlo de la cárcel por su implicación en un turbio asesinato, un caso sobre el que escribió la novela “Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques”, que tampoco vio publicada en vida.

Sí pudo ver editada en 1950 “El campo y la ciudad”, escrita en Nueva York mientras vivía con sus padres en una casa del barrio de Queens. Desde entonces escribió incesantemente aunque durante años ninguno de sus siguientes manuscritos fue aceptado por las editoriales a las que los envió.

En la carretera

La novela que le proporcionó fama y dinero fue “On the road” (En el camino), que terminó en 1951, aunque los editores la rechazaron durante seis años. Se publicó el 5 de septiembre de 1957, después de censurar numerosos pasajes de drogas y sexo explícito.

Kerouac trabajaba entonces como bombero forestal en Desolation Peak, Washington. “En el camino” es un relato autobiográfico de su viaje en auto-stop de costa a costa de los Estados Unidos, con algunas incursiones en México, en los años finales de la década de los años cuarenta, y de sus primeras relaciones con los miembros de la Generación beat, sobre todo con Allen Ginsberg y William Borroughs.

Jack Kerouac con Allen Ginsberg y William Borroughs
Jack Kerouac con Allen Ginsberg y William Borroughs

Jack Kerouac escribió “En el camino” en un rollo de papel de 36 metros, de los que se utilizaban para teletipos en las redacciones de los periódicos.  Además de ser cómodo para trasladar el material, que llevaba en su mochila, este método evitaba que se traspapelaran las cuartillas o se alterase su orden original durante los viajes, las estancias en albergues de mala muerte, los riesgos de todo tipo a los que tuvo que hacer frente durante su larga peripecia.

Hoy el rollo es ya material de museo (en la última subasta se pagaron más de tres millones de dólares por él) y se puede ver con frecuencia en exposiciones sobre la época. La versión original del rollo nunca llegó a publicarse en su totalidad y además, algunos de sus protagonistas reales figuraron siempre con nombres ficticios o con seudónimos hasta que en 2009 se publicó “En la carretera. El rollo mecanografiado original”.

Sal Paradise, el personaje central de la novela en todas las ediciones anteriores figura aquí como quien es: el propio Jack Kerouac. Allen Ginsberg, Neal Cassady, William Burroughs… recuperan también sus verdaderos nombres: el texto se transforma así en un documento autobiográfico del autor y también en una crónica sobre la Generación beat.

“En el camino” aparece en el instante preciso en el que los jóvenes nacidos durante la Segunda Guerra Mundial se enfrentaban a un nuevo futuro a través de los cambios que venían manifestándose en la sociedad americana: el consumismo, los avances tecnológicos, la aparición de la televisión, los nuevos productos culturales (libros de bolsillo, discos), la liberación de las costumbres, el desmoronamiento de las barreras sociales y raciales y otros fenómenos ligados a la aparición de una nueva generación de jóvenes que quería romper con las costumbres de sus padres.

En música el rock and roll había irrumpido con fuerza con Elvis PresleyChuck Berry y Little Richard, que sembraron el germen musical de aquella revolución. En el cine daban sus primeros frutos las estrellas del Actor’s Studio, la escuela de actores que fundaran Elia Kazan y Lee Strasberg para aplicar el método StanislavskiMarlon BrandoJames DeanPaul NewmanMarilyn MonroeMontgomery Clift…  Cine y rock and roll se mezclaban en títulos como “Semilla de maldad” de Richard Brooks, que incluía en su banda sonora “Rock around the clock” de Bill Haley, una canción que había puesto patas arriba el panorama musical de aquellos años.

Literatura, poesía, cine y música

Jack Kerouac siguió escribiendo y publicando novelas en la misma línea literaria de “En el camino” con éxito irregular. Sus incursiones en el cristianismo y el budismo zen influyeron en algunas de ellas, como “Los vagabundos del Dharma”. Su decepción con estas creencias fue una de las causas que lo empujaron al alcoholismo.

Tardó en conseguir otro éxito literario, que no le llegó hasta 1967 con “Ángeles de desolación”, un regreso al universo de “En el camino”. Peor acogida tuvieron “Los subterráneos”, “Tristessa” y “La vanidad de Duluoz”, aunque desde su muerte se reeditan con frecuencia y alcanzan cifras de venta aceptables, junto a los inéditos en vida.

Kerouac escribió también varios libros de poesía (el mejor de ellos “México City Blues”) y en cine hizo en 1959 con el fotógrafo Robert Frank y sus compañeros de la Beat generation la película “Pull My Dasy”. En música colaboró con Steven Allen y Zoot Sims en grabaciones en las que se mezclan canciones con recitados poéticos.

La beat generation, el otro sueño americano

En la segunda mitad de los años cuarenta del siglo Veinte un grupo de escritores y artistas norteamericanos formaron la Beat generation, un movimiento cultural al margen de la oficialidad bendecida por el mercado y los medios de masas. Sus señas de identidad fueron el nomadismo y la bohemia como forma de vida, la música de jazz y el arte de vanguardia como inspiración creativa, las drogas alucinógenas y el alcohol como paraísos artificiales y el pluralismo sexual como expresión hedonista.

El núcleo del movimiento estaba formado por el propio Jack Kerouac (1922-1969), el poeta Allen Ginsberg (1926-1997), el escritor William Burroughs (1914-1997) y el agitador cultural Neal Cassady (1926-1968). Los últimos en unirse al grupo fueron los poetas Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, quienes aportaron lo mejor de su obra a la generación.

Posteriormente se fueron integrando nuevos nombres más o menos identificados con la filosofía beat, y otros que buscaban únicamente la popularidad oportunista cuando el movimiento ya se había convertido en un fenómeno contracultural y antisistema.

El nombre de Beat generation se lo puso el escritor John Clellon Holmes en su artículo “This is the Beat Generation”, publicado en el New York Times el 16 de noviembre de 1952.

Los orígenes de la Beat generation estuvieron fuertemente condicionados por un extraño crimen. En agosto de 1944, Lucien Carr, inspirador de la estética beat y aglutinante del grupo, según Ginsberg (con quien compartía piso), asesinó a un monitor de boy scouts homosexual del que estaba enamorado, un adolescente que ejercía una extraña fascinación sobre todos los miembros del grupo. Este episodio atormentó durante muchos años a todos los componentes de la generación. Kerouac, acusado de encubridor, lo menciona en obras como “La ciudad y el campo” y “La vanidad de los Dulouz” y lo recrea en la citada “Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques”.

Años después, un accidente absurdo vino a empañar aún más la trayectoria del grupo. En 1951 William Burroughs mató a su mujer de un disparo, cuando imitaba a Guillermo Tell tratando de acertarle a un vaso que había colocado sobre su cabeza.

Estos episodios constituyeron un material impagable para quienes desde el stablisment trataron siempre de descalificar no sólo la forma de vida sino también la obra de la Beat generation y transformarla en de-generation. El término beatnik, que se popularizó para calificarlos, procede de una fusión de beat y sputnik (el satélite soviético lanzado al espacio a finales de los 50),  que pretendía identificar a la Beat generation con el comunismo, en plena guerra fría, y sugerir que estaban fuera de este mundo.

Herb Caen, un columnista del Chronicle de San Francisco, lo utilizó por primera vez con este sentido y la ocurrencia prosperó. Pese a todo, en la distancia desde la que hoy se contempla la obra de estos creadores, son indiscutibles los valores de la poesía de Ginsberg (su poema “Aullido” es el grito desgarrado de denuncia y desesperación de los oprimidos y explotados de la sociedad de consumo), las nuevas perspectivas que abrió la obra de Kerouac a la literatura americana del siglo XX, los niveles de osadía de la prosa de Borroughs (“El almuerzo desnudo”), nunca antes alcanzados por autor americano alguno, y la sensibilidad de los poemas de Corso y Ferlinghetti, comparables a la de la poesía americana más sutil.

De los beatniks a los hippies

El movimiento beat, que no había conseguido traspasar las fronteras de los Estados Unidos (en Europa por los mismos años triunfaban entre los jóvenes el existencialismo de Sartre y el pensamiento de Camus), se extinguió por sí mismo a finales de los cincuenta, fruto de la decadencia física de sus propios miembros y de la campaña desatada contra ellos.

Vino a rescatarlo en los años sesenta el movimiento hippie, que adoptó gran parte de su filosofía y de sus valores y difundió su imagen y su obra por todo el mundo. Michael Fellon utilizó por primera vez el término hippie en septiembre de 1965 aludiendo a la radicalización de los hispter, una palabra que se utilizaba entonces como sinónimo de beat.

El flower power, el movimiento que convirtió la filosofía hippie en un nuevo valor contracultural, del que Ginsberg se transformó en uno de sus valedores más preciados, trasladó a sus representantes, que entonces eran sobre todo sus músicos, la estética y el comportamiento de los beats y eso los transformó en iconos de toda una generación juvenil.

Si la literatura y la poesía habían sido los medios expresivos prioritarios de la Generación beat, el movimiento hippie encontró en la música y en las letras del rock y el folk el mejor cauce para comunicar su mensaje. Jimi HendrixJanis JoplinScott McKenzyeJefferson AirplaneGrateful Dead, la Velvet UndergroundThe Mamas and the Papas, algunos temas de The Beatles… incluían en sus letras la ideología de una generación crítica con los valores de sus padres, antirracista, opuesta a la guerra de Vietnam y contraria a la sociedad de consumo.

Finalmente sería esta misma sociedad la que acabó con su sueño, convirtiendo sus reivindicaciones en mercancías y sembrando de canciones de amor y paz las listas de ventas de todo el mundo.

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Origen: La mentira de Nayirah, el montaje en el Congreso de EEUU que sirvió para justificar la primera guerra de Irak

 

Mientras los medios de comunicación de masas conmemoran la vida de George H.W. Bush, analizamos el impacto duradero de la invasión a Irak en 1991 y la campaña de propaganda que la impulsó. Si bien la Guerra del Golfo técnicamente finalizó en febrero de 1991, la guerra de Estados Unidos contra Irak continuaría durante décadas, primero en forma de sanciones devastadoras y después, a partir de 2003, con la invasión lanzada por George W. Bush.

Miles de soldados y contratistas militares estadounidenses continúan en Irak a día de hoy. Un aspecto olvidado de la guerra iniciada por Bush senior es la extensa propaganda difundida en Estados Unidos antes de la invasión. Para conocer más sobre el tema, conversamos con el periodista John Rick MacArthur, con quien analizamos cómo los medios estadounidenses contribuyeron a instalar en la sociedad la guerra contra Irak. MacArthur es presidente y editor de la revista Harper’s y autor del libro ‘Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War’, ‘Segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991’.

Transcripción

Amy Goodman: Esto es Democracy Now! democracynow.org, el Informativo de guerra y paz, somos Amy Goodman y Juan González.

Juan González: Estados Unidos declaró un día de luto nacional por la muerte del expresidente George H.W. Bush, que falleció el viernes 30 de noviembre, a los 90 años. Hoy, 5 de diciembre de 2018, las oficinas de correos y otras agencias federales están cerradas por el funeral de Bush, que tendrá lugar en la catedral nacional de Washington. Los expresidentes Barack Obama, Bill Clinton, Jimmy Carter y George W. Bush, hijo del fallecido Bush, asistirán al acto al igual que el presidente Donald Trump, que no ha sido invitado a hablar. El exgobernador de Florida Jeb Bush explicó los motivos por los que el presidente Trump no hablará en la ceremonia: “Se da una circunstancia única aquí. Mi hermano fue presidente. Tiene prioridad, como se suele decir”. Un segundo funeral se llevará a cabo el jueves en Houston, donde George H.W. Bush será enterrado. Aquí, mientras tanto, seguimos analizando el legado del 41º presidente de Estados Unidos. Bush ocupó la Oficina Oval durante un solo período, pero las consecuencias de su invasión a Irak en 1991 permanecen hasta el día de hoy. Aunque técnicamente la Guerra del Golfo finalizó en febrero de 1991, la guerra de Estados Unidos contra Irak continuaría durante décadas, primero en forma de devastadoras sanciones y después, a partir de 2003, con la invasión que lanzó el hijo de George H.W. Bush, George W. Bush. Miles de soldados y contratistas militares estadounidenses continúan a día de hoy en Irak.

Amy Goodman: Nos adentramos ahora en un aspecto olvidado de la guerra iniciada por Bush en Irak: la inmensa campaña de propaganda que se llevó a cabo en Estados Unidos antes de la invasión. El punto de partida fue la historia de una joven kuwaití llamada Nayirah. El 10 de octubre de 1990, esta joven de 15 años presentó un fascinante testimonio ante el Congreso estadounidense sobre los horrores vividos en Kuwait tras la invasión iraquí.

Nayirah al Sabah: Señor presidente y miembros del comité, mi nombre es Nayirah y acabo de salir de Kuwait. […] Mi hermana recorrió el desierto con mi sobrino de cinco días de edad en busca de un lugar seguro. No se podía conseguir leche para el bebé en Kuwait. A duras penas lograron salir cuando su coche quedó atrapado en las arenas del desierto y recibieron ayuda desde Arabia Saudí. Yo decidí quedarme porque quería hacer algo por mi país. La segunda semana después de la invasión me ofrecí como voluntaria en el hospital Al Adan, junto a otras 12 mujeres que también querían ayudar. Yo era la voluntaria más joven. Las otras mujeres tenían entre 20 y 30 años. Estando allí, vi a los soldados iraquíes entrar al hospital con sus armas de fuego, sacar a los bebés de las incubadoras, llevarse las incubadoras y dejar a los bebés morir en el frío suelo. Fue horrible. No podía dejar de pensar en mi sobrino.

Juan González: El testimonio de Nayirah fue retransmitido en todo Estados Unidos y significó un punto de inflexión en la opinión pública respecto al apoyo a la guerra. El presidente George H.W. Bush citó repetidamente este testimonio.

Presidente George H.W. Bush: Había bebés en incubadoras y les sacaron de ahí como una forma de destruir sistemáticamente Kuwait.

Amy Goodman: Tres meses después del testimonio de Nayirah, el presidente George H.W. Bush lanzó la invasión de Irak. Resultó, sin embargo, que las declaraciones de Nayirah no eran ciertas. Ningún grupo de Derechos Humanos o medio de comunicación pudo confirmar sus palabras. También resultó que Nayirah no era una adolescente kuwaití cualquiera. Era la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, Saud Nasser al Sabah, y había sido entrenada por la empresa de relaciones públicas Hill & Knowlton, contratada por el Gobierno de Kuwait. Nos acompaña ahora el periodista que dio a conocer públicamente la identidad de NayirahNayirah, Rick MacArthur, presidente y editor de Harper’s Magazine, autor del libro ‘Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War’ —’El segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991’—. Como decíamos, este fue un momento clave. Tenemos a esta adolescente, esta niña, diciendo que había sido testigo de cómo los soldados iraquíes invadieron Kuwait y sacaron a los bebés de las incubadoras. Pero cuando dio su testimonio solo se la llamó por su nombre de pila, NayirahNayirah, no se mencionó su nombre completo, Nayirah al Sabah, lo que hubiera indicado que era la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos, que también testificó en esa misma audiencia.

John R. MacArthur: Así es. Era todo parte del plan de propaganda. Se dijo que se mantenía su anonimato para protegerla y proteger a su familia de posibles represalias en Kuwait. Esa fue la versión oficial. Y nadie se molestó en intentar averiguar quién era en realidad. Todo el mundo se tragó el anzuelo, con sedal y todo, aunque ya en ese momento hubo un par de investigadores de Derechos Humanos que empezaron a desconfiar. Yo me puse a indagar, ya después de la guerra, lamentablemente, y pude enterarme de lo que realmente había pasado: Hill & Knowlton la seleccionó como testigo convincente para contar esta atrocidad. Todo fue parte de una campaña para convertir a Saddam Hussein, al menos en el imaginario público, en Adolf Hitler. La idea era que no podrían venderle a la gente la Guerra del Golfo sin esto. En otras palabras, tuvieron que hacer trampa para ganar. Y eso es lo que me llama la atención de las elegías a George Bush. Ahora es presentado como un ejemplo de respetabilidad e integridad de un sector ‘WASP’ (blanco, protestante, anglosajón) de la vieja escuela, cuando en realidad tenía un lado violento, un lado colérico y despiadado. Y cuando lo vemos haciendo propaganda, utilizando la desinformación de Hill & Knowlton, vemos un lado bastante desagradable de este representante político. Y todavía hay… como dijo Juan, todavía estamos viviendo las consecuencias de haber ubicado tropas en Arabia Saudí, porque, a fin de cuentas, eso es lo finalmente activó a Bin Laden.

Juan González: Rick, la mayoría de la gente… ha pasado más de un cuarto de siglo y la mayoría de la gente ya no recuerda el clima social que se vivía en ese entonces. Pero había una importante oposición pública a que Estados Unidos invadiera Irak como forma de hacer retroceder la invasión de este país a Kuwait, y en el Congreso, los votos a favor y en contra para aprobar la acción militar estaban muy parejos, ¿cierto? Así que un testimonio como ese fue crucial.

John R. MacArthur: Exactamente. Hay que recordar que en 1990 y 1991 solo habían pasado… ¿cuántos? quince años desde la guerra de Vietnam. Y todavía había una sensación muy desagradable sobre el tema en el país, que en el Congreso estaba representada por senadores como John Kerry, en cuanto a que habíamos sido engañados para meternos en Vietnam, que había sido una guerra no declarada y que no íbamos a permitir otro engaño así, con otra guerra mentirosa o basada en un pretexto falso. Así que estaba claro que Bush iba a tener que conseguir la autorización del Congreso para invadir… para liberar a Kuwait. Y bueno, la votación iba a ser muy ajustada. Terminó siendo 52 a 47. Hubiera sido 52 a 48 si Alan Cranston, senador por California, hubiera viajado a Washington para votar. Cranston dijo que hubiera ido a votar si el resultado era más ajustado. En ese momento estaba atravesando un tratamiento con quimioterapia en California. Y fue claro que, bueno, varios representantes y senadores citaron la atrocidad de las incubadoras de bebés, que era un dato falso que nunca sucedió, como motivo para votar a favor de la resolución que dio lugar a la Guerra del Golfo. En otras palabras, lo que dijeron fue: “Podríamos encontrar otras formas de sacar a Saddam Hussein de Kuwait, como sanciones económicas o negociaciones”. La sensación que había era de que el conflicto tenía que ver con el petróleo, que no se trataba de una cuestión de principios, aunque Bush lo planteara como una cuestión de Derecho Internacional. Pero finalmente esta gente dijo: “Si Saddam Hussein es realmente Hitler, si es realmente capaz de tener un ejército que comete masacres”… Y se llegó a hablar de cientos de bebés cuando Amnistía Internacional validó la historia.

Amy Goodman: Eso es…

Juan González: Sí, recuerdo la portada…

John R. MacArthur: La historia se fue inflando, se fue haciendo más y más grande.

Amy Goodman: Eso es muy importante…

John R. MacArthur: Sí.

Amy Goodman: …el papel que jugó Amnistía Internacional.

John R. MacArthur: Así es.

Juan González: Así es.

Amy Goodman: No fue solo NayirahNayirah.

John R. MacArthur: No fue solo NayirahNayirah. Human Rights Watch se tragó la historia. Aunque oficialmente se mantuvo neutral. Pero Amnistía Internacional de hecho dio la cifra de más de 300 bebés. En los hospitales de la ciudad de Kuwait no llegaba a haber tantas incubadoras. Ahora bien, volviendo sobre lo ocurrido, vemos lo mal que actuaron los medios y la prensa al no hacer preguntas.

Juan González: Bueno, recuerdo que mi periódico, el New York Daily News, publicó un titular en primera plana que decía: “¡Mataron bebés!”

John R. MacArthur: Sí, sí, sí.

Juan González: O sea, los medios aceptaron esta historia sin cuestionarse…

John R. MacArthur: Claro.

Juan González: …sin verificar para nada lo que se decía.

John R. MacArthur: Y si Saddam Hussein es un asesino de bebés, bueno, desde un punto de vista racional la gente puede tener diferentes opiniones sobre cómo hacer cumplir las leyes internacionales o cómo evitar que un país invada otros países. Pero asesinar bebés sobrepasa todos los límites. Y después de la guerra, no fui solo yo el que investigó esto. John Martin hizo un muy buen reportaje. Fue a todos los hospitales…

Amy Goodman: Para la cadena ABC.

John R. MacArthur: Sí, para ABC News. Él hizo lo que un periodista debe hacer, aunque desafortunadamente demasiado tarde: entrevistó al personal de los hospitales, a los médicos. Hizo un trabajo muy completo. Nadie pudo mencionar una sola ocasión en la que soldados iraquíes hubieran arrancado bebés de las incubadoras y los hubieran asesinado. Hubo bebés muertos por negligencias y por el bombardeo estadounidense a Kuwait e Irak, ya que muchos empleados de los hospitales huyeron. Hubo víctimas. Hubo bebés que murieron, pero no por ser sacados de las incubadoras. Eso nunca sucedió.

Juan González: Y creo que esto fue, como tú señalas, el lanzamiento de una nueva campaña… o un refuerzo en la intensidad de las campañas de propaganda de nuestro Gobierno para tratar de justificar la guerra.

John R. MacArthur: Así es. Y esto es algo que no ha sido analizado lo suficiente. Insisto, quedó instalada esta imagen de integridad y respetabilidad ‘WASP’ (blanca, protestante, anglosajona) de George Bush. Y bueno, también es el padre de George W. Bush, que fue incluso más allá con su campaña de propaganda para la guerra, anunciando un programa de Saddam para desarrollar una bomba atómica que nunca existió, o al menos no en el momento en que se dijo que estaba sucediendo. Quizás pudo haber tenido ambiciones de este tipo en algún momento, pero ciertamente no hubo un programa para desarrollar bombas atómicas en 2002 y 2003. Pero ahora ya nos hemos acostumbrado a debatir si debemos o no ir a una guerra en base a “fake news” —disculpen si estoy citando a Donald Trump— pero es tal la información falsa que ya no sabemos cómo discutir estos temas. Y el poder de declarar la guerra ya no está en manos del pueblo, casi se podría decir que ya no está en manos del Congreso. Es bastante… alguien me dijo en algún momento “¿Por qué Bush siquiera se molestó en pedir permiso al Congreso para invadir Irak en 1991?” Bueno, en aquel entonces, nuestro país todavía era gobernado con más apego a la Constitución. Y estaba el amargo recuerdo del Incidente del golfo de Tonkín y la guerra de Vietnam, el hecho de que fuimos a una guerra no declarada, en base a falsos pretextos.

Amy Goodman: Estamos hablando con Rick MacArthur, editor de Harper’s Magazine, autor de ‘Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War’, ‘Segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991’. Tu libro comienza… el primer capítulo se llama ‘Cutting the Deal’, ‘Cerrar el trato’. Y empiezas citando una frase de Earl Shorris que dice: “Hay hombres a quienes les complace dar órdenes y hay hombres a quienes les complace recibir órdenes”. Realmente ahí se ve el comienzo del proceso del “periodismo incorporado” a la perspectiva oficial.

John R. MacArthur: Así es.

Amy Goodman: Y cuéntanos acerca de esta reunión tan inusual que relatas, de una mañana agosto de 1990, ocho días después de que las fuerzas iraquíes invadieran Kuwait, donde los cuatro… bueno, los que en ese momento eran —el panorama mediático es tan diferente ahora— los cuatro editores en jefe en Washington de las principales cadenas de televisión de Estados Unidos. ¿Con quién fue que se reunieron?

John R. MacArthur: Bueno, fueron a la casa del príncipe Bandar, el operador político de Arabia Saudí en Estados Unidos. Era como el mayordomo que se encargaba de todo lo que pasara en relación con Arabia Saudí en Estados Unidos. Y era la persona a quien los medios acudían a pedir favores, a quien se le pedía ayuda. La Casa Blanca y el Pentágono habían decidido desde el principio que esto no iba a ser como Vietnam, en el sentido de no volver a permitir que los periodistas entraran donde quisieran, tomaran fotos de cadáveres, de edificios en llamas o helicópteros estrellándose. No permitir… porque había una idea… había una mirada revisionista que decía que EE.UU. perdió la guerra de Vietnam porque los estadounidenses se habíam desmoralizado por todas las malas noticias que llegaban a través de los noticieros de la cadena CBS. Así que no se iba a permitir que eso volviera a suceder.

Y se tomó la decisión de agrupar a los periodistas y establecer criterios de censura. En otras palabras, se les enviaría en grupos de cinco personas al frente de batalla, dondequiera que el Pentágono decidiera que era el frente de batalla ese día. Allí, en teoría, podrían tomar fotos y describir lo que estaba sucediendo, pero el informe iba a tener que ser compartido entre todos los medios presentes, no habría competencia, y sería examinado por los censores del Pentágono. Así que, obviamente, la gente no vio nada en los medios. A los periodistas no se les permitió ver nada. Y fue un poco cómico, al final, ver a cientos de periodistas en Dhahran, que es donde estaba el centro de prensa, reciclando informes censurados del frente de guerra que no mostraban nada. Hubo dos o tres periodistas que hicieron un honorable trabajo, como Chris Hedges, Bob Simon de CBS, que se salieron del perímetro permitido, por así decirlo, y pudieron ver un poco más, pero fueron excepciones. Susan Sachs de Newsday también intentó hacer un buen trabajo.

Amy Goodman: ¿Y no es que fueron a la casa del embajador saudí enviados por el Gobierno de Bush, aunque el Gobierno de Bush estaba enviando soldados a Arabia Saudí? Para que la prensa pudiera obtener permisos…

John R. MacArthur: Sí, así es.

Amy Goodman: …dijeron: “Tienen que pedir permiso a Arabia Saudí”.

John R. MacArthur: Bueno, esa era una forma de negociar con los saudíes para obtener favores. Pero seguía siendo el Pentágono quien decidía quién iba, dónde y cuándo. La idea que circulaba en las cadenas de televisión era tratar de conseguir que el príncipe Bandar hiciera algo… hiciera algunos favores, allanara un poco el camino y pudiera usar su influencia en el Gobierno de Bush para obtener un mejor acceso a la cobertura de la guerra que la competencia. Y esto nos trae de nuevo al presente. O sea, estamos en contubernio con Arabia Saudí desde hace ya un buen tiempo. Y la idea de que los medios de Estados Unidos estén pidiendo favores a un príncipe saudí, bueno, no es una imagen muy agradable. Y también expresa la hipocresía de los medios estadounidenses, tanto en aquel entonces como en la actualidad, con respecto a la Primera Enmienda constitucional. O sea, un grupo de medios y periodistas demandamos al Pentágono, como Sydney Schanberg, The Nation y Harper’s Magazine. Llevamos a juicio al Pentágono por esto, y perdimos. Por este mecanismo de censura. Pero en la mayor parte de los medios y los periodistas, como Katharine Graham, Sulzberger, los directivos de las cadenas de noticias, no hicieron nada. Todo eso está en mi libro también. Allí pueden ver lo que dijeron al respecto.

Amy Goodman: Estamos hablando con Rick MacArthur, editor de Harper’s Magazine, autor de ‘Second Front: Censorship and Propaganda in the 1991 Gulf War’ ‘El segundo frente: Censura y propaganda en la Guerra del Golfo de 1991’. Estaremos de vuelta con él en un minuto.

[Pausa]

Amy Goodman: Escuchábamos ‘Combat Rock’ de Sleater-Kinney. Agradecemos a los estudiantes del Marymount College que están visitando nuestro programa. Esto es Democracy Now! democracynow.org, El Informativo de Guerra y Paz. Somos Amy Goodman y Juan González. Seguimos analizando el legado del presidente George H.W. Bush con respecto a la guerra, en particular la guerra de Irak. ¿Juan?

Juan González: Bueno, Rick, quería preguntarte, continuando con lo que estábamos hablando, sobre cómo muchos de los grandes medios de comunicación aceptaron acatar los protocolos de censura del Pentágono durante la guerra. Irónicamente, esta fue la primera guerra televisada en vivo. Y cuando recordamos las fotos de los bombarderos atacando distintas partes de Irak y Kuwait, bueno, se ve la ironía de tener, por un lado, esa censura y control sobre la prensa y, por el otro, una guerra televisada, que hizo que el pueblo estadounidense se hiciera una idea de lo que eran las bombas guiadas desplegadas por Estados Unidos contra las fuerzas iraquíes.

John R. MacArthur: Así es. Estrictamente hablando, no fue la primera guerra televisada. Se podría decir que Vietnam fue la primera guerra televisada. Pero…

Juan González: En vivo. Transmitida en vivo por televisión.

John R. MacArthur: Guerra televisada en vivo, sí, incluyendo las largas conferencias de prensa, si es que se las puede llamar así, dirigidas por Norman Schwarzkopf, el comandante general de las fuerzas aliadas, nombre con que se las promocionaba, que resultó ser brillante en el manejo de las relaciones públicas. Lo que él comprendió fue que era mejor informar a los periodistas a través de una conferencia de prensa, pasando al mismo tiempo imágenes, a ser posible —algunas eran en tiempo real y otras eran grabaciones de vídeo— que mostraran lo que presuntamente estaba haciendo el Ejército antes de que nadie pudiera verificarlo. Entonces, con gran inteligencia… suena muy a la vieja usanza. Él había hecho instalar un televisor en la sala de prensa de Dhahran que mostraba cómo presuntamente las bombas o misiles guiados impactaban siempre en el blanco, para dar a la gente… generar en la gente la sensación de que el Ejército estadounidense era invencible.

Amy Goodman: Escuchemos al comandante del ejército de Estados Unidos a cargo del ataque a Irak, de quien estabas hablando.

John R. MacArthur: Vale, claro.

Amy Goodman: El general Norman Schwarzkopf. En una conferencia de prensa el 31 de enero de 1991, explica cómo hace Estados Unidos para destruir los misiles Scud de Irak.

General Norman Schwarzkopf: Anoche en el oeste de Irak también atacamos y destruimos tres misiles Scud TEL con aviones de caza F-15, y evitamos un ataque con misiles contra Israel. Ahora, ciertamente, no puedo asegurar que no habrá más lanzamientos de misiles Scud. Nunca se puede garantizar eso. Pero puedo decir con bastante seguridad que cada vez es mayor nuestra habilidad para encontrarlos, y creo que esta grabación muestra muy bien nuestra habilidad para encontrarlos y destruirlos.

Amy Goodman: Ese era Norman Schwarzkopf, el general Norman Schwarzkopf.

John R. MacArthur: Así es. Y de hecho, el día anterior habían mostrado imágenes de la Fuerza Aérea de Estados Unidos presuntamente destruyendo dispositivos móviles para el lanzamiento de misiles Scud. Porque en ese momento había una gran preocupación social y mucho miedo de que Irak atacara Israel. De hecho, lograron lanzar un par de misiles Scud a través de las barreras de defensa en Israel. Así que EE.UU. tenía que mostrar resultados. Tenían que mostrar que estaban eliminando los lanzadores de misiles Scud. Así que afirmaron haber eliminado 11 lanzamisiles. Después de la guerra, Scott Ritter y Mark Crispin Miller hicieron buen periodismo de investigación y refutaron eso, encontraron que no se había destruido ningún lanzador de misiles Scud.

Pero el punto es que en ese momento, ante las imágenes en tiempo real que se mostraban a la prensa, los medios de comunicación no podían cuestionar nada de la versión oficial. Aquí está el vídeo. Aquí están los generales con sus punteros. ¿Quién lo iba a cuestionar? No había nadie en el territorio, no había periodistas en el campo de batalla que pudieran verificar o contradecir esa versión. Incluso en las circunstancias de mayor libertad de prensa, no es fácil en tiempos de guerra, confirmar o refutar lo que dice el Gobierno. Pero en esta guerra era directamente imposible. Así que los estadounidenses recibían la imagen de una guerra limpia, una guerra aséptica, donde cada ataque daba en el blanco previsto.

Una importante estadística a tener en cuenta es que el 93% de la carga explosiva utilizada para atacar Irak y Kuwait en la Guerra del Golfo fue a través de bombas convencionales no guiadas, la mayoría de ellas de la época de los bombarderos B-52 de Vietnam. Solo el 7% de la carga utilizada en los bombardeos fue utilizada en misiles guiados por láser, que es de lo que se estaba hablando en la conferencia de prensa recién citada. Así que es…

Juan González: Entonces, es posible decir que fue durante el mandato de Bush…

John R. MacArthur: Sí.

Juan González: O sea, que en el mandato de George Herbert Walker Bush, el Gobierno de Estados Unidos perfeccionó el control propagandístico sobre la cobertura mediática de la guerra.

John R. MacArthur: Sí. Y no fue nada nuevo. En otras palabras, si analizamos la Primera Guerra Mundial, ahí ya circulaba la noticia de que los alemanes habían atacado con bayonetas a bebés belgas. O sea, se trata de un viejo truco de propaganda. Es decir, el tema la matanza de bebés se había utilizado antes. Pero en lo que se refiere a la sofisticación técnica y la capacidad de usar la tecnología de la comunicación más avanzada para alterar el funcionamiento democrático, manipular a la gente y hacerla sentir bien con respecto a la guerra, ahí Schwarzkopf desde el Mando Central de EE.UU., Pete Williams desde el Pentágono y el poder ejecutivo del presidente Bush hicieron algo revolucionario.

Amy Goodman: Nos quedan 30 segundos de programa, ¿puedes hacernos un comentario final con respecto a las reseñas que están publicando hoy los medios sobre la vida del presidente George H.W. Bush?

John R. MacArthur: Bueno, estoy horrorizado. Ayer hubo una columna en el periódico The Wall Street Journal escrita por William McGurn con el título: ‘George Bush’s Wonderful Life’, ‘La maravillosa vida de George Bush’, que literalmente compara a Bush con el personaje George Bailey de la película ‘¡Qué bello es vivir!’. Es una locura porque George Bailey es de alguna manera un populista que se opone al poder del Sr. Potter, a su banco y a otras instancias de poder. Pero George Bush no fue un amante de la paz. Nunca olvidaré a George McGovern, que fue piloto de un bombardero en la Segunda Guerra Mundial…

Amy Goodman: Nos quedan solo 15 segundos.

John R. MacArthur: …George McGovern me dijo: “Bueno, la mayoría de nosotros cuando volvimos de la Segunda Guerra Mundial… la mayoría de quienes regresamos de la Segunda Guerra Mundial sentimos que había sido demasiado. Pero para Bush no fue demasiado, no le alcanzó con toda esa violencia”.

Amy Goodman: Aquí finaliza nuestro programa. Rick MacArthur es editor de Harper’s Magazine y autor del libro del libro ‘Second Front’, ‘El Segundo Frente’.

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