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OPERACIÓN MARGEN DEFENSIVO: ISRAEL PROSIGUE SU POLÍTICA DE GENOCIDIO EN GAZA | Rafael Narbona.

OPERACIÓN MARGEN DEFENSIVO: ISRAEL PROSIGUE SU POLÍTICA DE GENOCIDIO EN GAZA

 

El secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes ha proporcionado a Benjamin Netanyahu el pretexto ideal para intervenir de nuevo en Gaza. De momento, la Operación Margen Defensivo (en hebreo, Tsuq Eitan, que significa Precipicio Sólido) ha causado la muerte a 165 palestinos y ha producido graves heridas en algo más de un millar. Las cifras no cesan de aumentar y crecerán en las próximas semanas. Entre los fallecidos, hay 30 niños, 17 mujeres y 12 ancianos. La mitad de los heridos son niños (221) y mujeres (225). Entre las víctimas de la barbarie yo incluiría a Mohamed Abu Kher, un adolescente de 16 años al que el pasado 2 de julio unos extremistas judíos quemaron vivo en un bosque de Jerusalén. Con insuperable cinismo, Netanyahu ha responsabilizado a Hamás de las víctimas inocentes, acusando a la organización islámica de utilizar a los civiles como escudos humanos. Es el pretexto habitual de las guerras de agresión para justificar su violencia sobre poblaciones indefensas. Hitler afirmó que laOperación Barbarroja, lanzada el 22 de junio de 1941, era una maniobra preventiva para salvar a Europa de una invasión inminente de la Unión Soviética. En la última década, Israel ha asesinado a 2.000 palestinos en operaciones preventivas, mientras continuaba con su política de expansión en Cisjordania y Jerusalén, y sometía a la Franja de Gaza a inhumanas restricciones para convertir la zona en un lugar inhabitable. Desde el triunfo de Hamás en las elecciones de 2006, Israel ha mantenido un bloqueo intermitente que afecta a mercancías, alimentos, materias primas, carburantes, medicamentos, suministros de electricidad, agua y material de construcción. Esta política ha incluido cortes de energía que han dañado el funcionamiento de hospitales e infraestructuras de saneamiento. Las restricciones alimenticias explican que cerca del 33% de los niños y niñas de Gaza sufran malnutrición crónica. Israel explota la Shoah como pretexto para su política de genocidio y limpieza étnica en Gaza y Cisjordania. Por desgracia, esa forma de proceder está reavivando la llama del antisemitismo. Sin el apoyo de Estados Unidos, Israel sería un Estado paria.

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OPERACIÓN MARGEN DEFENSIVO

“En las últimas 36 hora horas hemos destruido más de lo que destruimos en toda la Operación Pilar Defensivo”, han declarado las Fuerzas de Defensa de Israel (Tsahal), alardeando de su eficacia. Sin embargo, no se puede hablar de guerra en un sentido convencional, pues el potencial militar de los palestinos es irrisorio. Los 250 cohetes lanzados desde Gaza en los últimos días por las Brigadas Azedín al Kasam solo han provocado heridas por esquirlas, si bien es cierto que su capacidad se ha incrementando, alcanzando el norte de Israel. Según el ejército israelí, algunos proyectiles se han quedado a 40 kilómetros de Haifa y otros han impactado en Jerusalén y cerca de las instalaciones nucleares de Dimona.  Las sirenas antiaéreas han sonado en Tel Aviv, pero gracias al sistema defensivo Cúpula de Hierrose han neutralizado los cohetes. Se considera a Hamás una organización terrorista, pero la violencia es inevitable cuando 1’8 millones de palestinos viven en 360 kilómetros cuadrados, soportando un paro que supera el 65% y una pobreza que afecta al 90% de la población. Desde la victoria electoral de Hamás, la Franja de Gaza se ha convertido en una gigantesca cárcel al aire libre, que evoca los guetos judíos en las ciudades europeas ocupadas por la Alemania nazi. El historiador, escritor y profesor jubilado israelí Avner Cohen aseguró en un reportaje publicado por The Wall Street Journal el 24 de enero de 2009 que Israel financió a Hamás en sus inicios, pues consideró que era buena alternativa para debilitar a la OLP. No es posible corroborar las revelaciones de Avner Cohen o las hipótesis del profesor e historiador judío Zeev Sternell, que ha aventurado operaciones parecidas, pero muchos indicios apuntan que se repitió la historia de los muyahidines armados y entrenados por Estados Unidos para combatir a la Unión Soviética en Afganistán o del Inkatha Freedom Party, el partido zulú que obtuvo ayuda militar del gobierno racista de Sudáfrica para luchar contra su viejo rival, elCongreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Netanyahu ha movilizado a 40.000 reservistas, que podrían combatir con las tropas ya desplegadas. No descarta la invasión de Gaza. Mientras tanto, el portavoz de las Brigadas de Azedín al Kasam ha manifestado unas condiciones para el alto el fuego que no parecen irracionales ni desorbitadas: “Pedimos el fin de la agresión en Jerusalén y Cisjordania, el fin de la agresión contra la Franja de Gaza, la liberación de los prisioneros del intercambio por [el soldado Gilad] Shalit que han vuelto a ser detenidos, y el compromiso con todos los términos del alto el fuego alcanzado en 2012 tras la operación Pilar Defensivo”. Mahmud Abbas ha tardado en reaccionar, pero al final se ha expresado con contundencia: “Es un genocidio, matar a familias enteras es un genocidio perpetrado por Israel contra nuestro pueblo”. Netanyahu, un político sin escrúpulos y salpicado por la sombra de la corrupción, había mantenido recientemente un pulso con su ministro de Relaciones Exteriores, el ultra Avigdor Lieberman, otro político enredado en tramas de corrupción que se ha mostrado partidario de bombardear con armas nucleares Teherán, la presa de Aswan y Beirut. Lieberman reivindica que los árabes asentados en Israel pierdan su derecho de ciudadanía y considera que el problema palestino se resolvería bombardeando los centros comerciales, bancos y gasolineras de Cisjordania y Gaza: “No dejar piedra sobre piedra… destruir todo”. Lieberman es el líder del partido Israel Beitenu(Nuestra Casa Israel) que gobierna con el Likud y nunca ha ocultado su descontento con la política excesivamente indulgente de Netanyahu, incapaz de tratar a los palestinos con la necesaria mano dura. Netanyahu, maestro de la intriga política, intenta asegurar su mayoría en la Knéset con una demostración de fuerza, sin importarle que las bombas no discriminen entre civiles y combatientes. El asesinato de Gilad Shaar, Neftalí Fraenkel y Eyal Yifrah (los tres jóvenes israelíes con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años que aparecieron tiroteados después de ser secuestrados mientras realizaban autostop en la Cisjordania ocupada), se ha convertido en una baza política de primer orden.

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Netanyahu no ha querido perder la oportunidad de mostrar a la sociedad israelí su determinación a la hora de adoptar cruentas represalias. Además, necesitaba neutralizar la reconciliación de Hamás con Al Fatah, que el pasado junio cumplieron la promesa de componer un gobierno de unidad, después de reconciliarse meses atrás, superando la disputas que entre 2006 y 2007 desembocaron en un enfrentamiento armado, con un coste de 600 vidas. La OLP aceptó la integración de Hamás en la coalición y se acordó convocar elecciones legislativas conjuntas en la Franja de Gaza y Cisjordania.  Los 17 ministros del Gobierno de acuerdo nacional juraron sus cargos en la Mukata de Ramala, con la presencia de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y líder de Al Fatah. Abbas, también conocido por su apodo Abu Mazen, manifestó: “Es el fin de la escisión del pueblo palestino que ha hecho un daño catastrófico a nuestros objetivos”. Al mismo tiempo, anunció que se celebrarían elecciones a principios de 2015 y que se respetarían los acuerdos firmados con Israel. Ismail Haniyah, líder de Hamás, celebró la “histórica unidad palestina”, pero se negó a cambiar su política: “Nunca reconoceremos a Israel. El nuevo Gobierno de reconciliación no provocará la renuncia a la lucha armada”. Se ha dicho que Hamás pactó porque había perdido el apoyo de Egipto, después del golpe militar que acabó con el gobierno islamista de Mohamed Morsi, ingeniero y líder del Partido Libertad y Justicia fundado por losHermanos Musulmanes. Morsi fue el primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto, pero el 3 de julio de 2013 el general Abdelfatah Al-Sisi, comandante en jefe del Ejército desde la Revolución de 2011 y Ministro de Defensa, le derrocó e inició una escalada represiva que incluyó varias masacres (casi 600 manifestantes abatidos por las fuerzas antidisturbios) y macro-juicios que hasta ahora se han saldado con dos sentencias históricas. El mismo juez ha dictado 529 sentencias de muerte en un proceso y 683 en otro, incumpliendo todas las garantías legales. En Oriente Medio, ningún tribunal había actuado con tanta dureza. Morsi se encuentra en Borg El Arab, una prisión de alta seguridad en mitad del desierto, acumulando cargos por su actitud desafiante contra la justicia y el gobierno militar. Después del encarcelamiento de Morsi, las nuevas autoridades destruyeron la mayoría de los túneles de contrabando entre el Sinaí y Gaza, lo cual debilitó a Hamás y forzó las negociaciones con Al Fatah. Cuando se produjo la reconciliación entre las dos fuerzas palestinas, Netanyahu declaró: “Hoy, Abu Mazen ha dicho sí al terror y no a la paz. Es la continuación de su política de rechazo a la paz”.

AL FATAH Y HAMÁS ALCANZAN "UN ENTENDIMIENTO" SOBRE SUS DISCREPANCIAS

LA NAKBA

No está de más recordar que el Estado de Israel se construyó sobre una operación de limpieza étnica apenas conocida y que se ha excluido de los libros de texto de los niños y niñas israelíes por decisión gubernamental. Para el pueblo palestino, la presunta guerra de independencia de 1948 constituyó una catástrofe, que representó la expulsión de sus hogares de algo más de 700.000 personas. Esta tragedia se denomina Nakba y constituye un crimen contra la humanidad. El 10 de marzo de 1948 un grupo de once hombres (viejos líderes sionistas y jóvenes oficiales de la Haganá o el Irgún) se reunieron a primera hora de la mañana en la desaparecida “Casa Roja” de Tel Aviv para organizar la expulsión sistemática de la población palestina de amplias áreas del futuro Estado de Israel, que se crearía el 14 de mayo de ese mismo año. Por la tarde, se enviaron las órdenes a las diferentes unidades militares, detallando los métodos que permitirían cumplir el objetivo fijado: asedio y bombardeo de las aldeas palestinas, expulsión de la población civil, incendio y demolición de las casas particulares, propiedades, bienes y comercios, colocación de minas entre los escombros para evitar el regreso de sus habitantes. Se tardó seis meses en completar la misión. El balance es desolador: 711.000 palestinos expulsados de sus hogares, 531 aldeas destruidas, once barrios urbanos despejados de árabes, al menos 24 masacres, que incluyeron violaciones, torturas y fusilamientos en masa. Según la Cruz Roja Internacional, la masacre de Deir Yassin le costó la vida a 254 civiles, casi todos ancianos, mujeres y niños. Sucedió algo semejante en al-Damaymah, con un centenar de víctimas. Los pueblos de Eilaboun, Saliha, y Farradiya enarbolaron banderas blancas, pero las milicias judías penetraron en el interior, violando a las mujeres y fusilando a los hombres en edad militar, basándose en que cualquier niño o anciano capaz de sostener un arma podía ser un combatiente. No se trata de excesos cometidos al calor de una guerra colonial, sino órdenes directas de David Ben-Gurión, que sería Primer Ministro de Israel entre 1948 y 1954. En un informe elaborado en 1949 por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, se valoró el problema de los refugiados palestinos en términos puramente darwinistas, que recuerdan los planteamientos de los nazis para justificar el exterminio de judíos, gitanos, eslavos y presuntos asociales: “Los más aptos y flexibles sobrevivirán de acuerdo con el proceso de selección natural. El resto simplemente morirán. Algunos persistirán, pero la mayoría se convertirán en basura humana, la escoria de la tierra y se hundirán en los niveles más bajos del mundo árabe” (Archivos del Estado de Israel, Ministerio de Asuntos Exteriores, nº 2444/19). Años más tarde, Menájem Beguín, Primer Ministro entre 1977 y 1983, declaró: “No hubiera existido el Estado de Israel sin Deir Yassin”. No es un comentario sorprendente en los labios del antiguo líder del Irgún y el máximo responsable del atentado contra el Hotel Rey David, que causó la muerte de 91 personas -17 judíos- el 22 de julio de 1946. El objetivo era destruir los documentos incautados por los ingleses, después de invadir la Agencia Judía y, de paso, destruir el cuartel general del ejército y el gobierno civil británicos.

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La Nakba solo fue la continuación de las campañas de hostigamiento de las milicias sionistas contra la población palestina durante los últimos años del mandato británico. Antes del 15 de mayo, 250.000 árabes abandonaron su lugar de residencia, huyendo de los atentados y los actos de sabotaje, que incluyeron el envenenamiento de los suministros de agua con tifus. El millón y medio de palestinos que actualmente gozan de ciudadanía israelí representan casi el 20% de la población y, dada la baja tasa de natalidad de los judíos y el alto número de nacimientos en las familias árabes, esa cifra podría subir hasta un 25% en 2025. Esa perspectiva despierta miedo y rechazo entre los judíos. Cerca del 70%, desearía su traslado forzoso a Jordania, Siria, Gaza o Cisjordania. Conviene recordar que los judíos sufrieron varios pogromos cuando los ingleses aún gobernaban Palestina. Los disturbios de Jaffa, la matanza de Hebrón, la masacre de Safed o la masacre de Tiberíades acontecieron entre 1920 y 1939, costando la vida a más de 400 judíos, casi siempre ancianos, mujeres y niños. Amin al-Husayni, Gran Muftí de Jerusalén, instigó el odio hacia los judíos y promovió las matanzas. El Gran Muftí se entrevistó con Hitler en noviembre de 1941, pidiéndole que bombardeara Tel Aviv y exterminara a los judíos del norte de África que en ese momento se hallaban bajo la autoridad de la Francia de Vichy y la Italia fascista. Al-Husayni fue uno de los arquitectos del Holocausto, pues durante su estancia en Berlín sugirió que el genocidio se organizara de una forma sistemática y masiva. Además, aconsejó que fueran asesinados los 400.000 judíos alemanes que el Tercer Reich había previsto deportar a Palestina. Su recomendación tuvo éxito. Los judíos alemanes acabaron sus días en campos de exterminio, sin llegar a pisar Eretz Israel.

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UN ESTADO BINACIONAL, LAICO Y DEMOCRÁTICO

¿Cómo resolver el actual conflicto entre judíos y palestinos? En primer lugar, quiero dejar muy claro que repudió las tesis racistas y antisemitas. La Carta Fundacional de Hamás (18 de agosto de 1998) afirma en su Preámbulo: “Israel existiría, y continuará existiendo, hasta que el Islam lo destruya, de la misma manera que destruyó a otros en el pasado”. Más adelante, leemos: “El Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes no luchen contra los judíos y les den muerte”. Mahmud Ahmadineyad, Presidente de la República Islámica de Irán entre 2005 y 2013, ha repetido varias veces la frase del ayatolá Jomeini: “El Estado de Israel debe ser borrado del mapa”. Después de sufrir persecuciones y matanzas durante siglos, es comprensible que el pueblo judío reivindicara el derecho a constituirse como nación en un estado libre y soberano. A estas alturas, apostar por la destrucción de Israel es una aberración moral, pues condenaría a seis millones de judíos a vivir como parias, expuestos a soportar nuevas masacres. En segundo lugar, considero que la Shoah no puede convertirse en el pretexto para continuar con las políticas de limpieza étnica en Cisjordania y genocidio progresivo en la Franja de Gaza. Acusar de antisemitismo a los que denuncian al Estado de Israel por sus crímenes contra el pueblo palestino, constituye un acto de cinismo que solo contribuye a alimentar los prejuicios antisemitas. El victimismo del Estado de Israel solo es una obscena forma de manipulación, que no logra ocultar el carácter racista y militarista de una sociedad cada vez más intolerante y con escasa capacidad de autocrítica. Pienso que la única resolución ética y justa del conflicto ha sido formulada –entre otros- por el historiador Ilan Pappé y el activista Michel Warschawski, ambos israelíes. Israel no debería ser un Estado judío, sino un Estado binacional y laico que integrara con los mismos derechos a árabes y judíos en los territorios de la Palestina histórica. Warschawski afirma que es necesario abandonar el dogma de “un Estado, una cultura, un pueblo” para construir un “Estado plural, donde vayan de la mano una ciudadanía compartida y el reconocimiento de identidades colectivas diversas”. En ese proceso, la minoría árabe de Israel puede desempeñar un papel esencial: “El Estado sigue siendo un Estado judío, con prácticas y estructuras discriminatorias, pero la minoría palestina ha pasado de una situación de atomización e invisibilidad a ser una minoría nacional que reivindica la igualdad ciudadana en un país que pretende ser judío pero también democrático”. El director de cine israelí Haim Bresheeth también es partidario de un Estado binacional, laico y democrático. En su opinión, Cisjordania y la Franja de Gaza son auténticos bantustanes, semejantes a los de la Sudáfrica del apartheid. Bresheeth opina que sería necesario someter a Israel a un boicot económico y cultural para acabar con esta situación.

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¿UNA OPERACIÓN DE BANDERA FALSA?

Hamás niega haber asesinado a los tres jóvenes israelíes secuestrados en la Cisjordania ocupada. Algunos apuntan que se trata de una Operación de Bandera Falsa. Es una hipótesis arriesgada, pero hay muchos cabos sueltos: ¿por qué unos adolescentes hacían autostop en la zona C de Cisjordania, un escenario de guerra con grandes riesgos? ¿cómo pudo producirse un secuestro en una zona altamente militarizada con múltiples controles del Tsahal y el Shin Bet? ¿por qué se subieron los jóvenes a un coche conducido por un palestino –según la versión oficial-, cuando está prohibido que los palestinos circulen por ese lugar?, ¿no es más probable que el conductor fuera judío? Las autoridades israelíes han informado que se utilizó un Hyundai, pero si es así, ¿no tendría que circular con matrícula israelí (de color plata, blanco y verde) y en ningún caso amarilla (el color asignado a los matrículas palestinas)? No es posible averiguarlo, pues el coche fue pasto de las llamas supuestamente para eliminar pruebas e indicios. Cuando Hamás ha realizado un secuestro, siempre ha exigido el canje de presos palestinos para liberar al rehén y, en las actuales circunstancias, una acción de este tipo solo contribuye a malograr una nueva etapa basada en un gobierno conjunto con Al Fatah. Solo un arrebato de locura puede explicar una iniciativa tan absurda y perjudicial. Díez días antes del secuestro, Tamir Pardo, jefe del Mossad, declaró al periódico israelí Haaretz: “¿Qué sucedería si –dentro de una semana- fuesen secuestrados tres jóvenes de 14 años en una de las colonias?” Esa predicción se cumplió con una exactitud inverosímil. ¿Simple casualidad? Una clarividencia tan asombrosa contrasta con las cinco horas que tardó en intervenir la policía israelí, después de recibir una presunta llamada de auxilio desde el interior del coche donde viajaban los adolescentes. En la grabación presentada por los militares, Gilald Shaar exclama a los pocos minutos de iniciar el trayecto: “Estoy secuestrado”. Las autoridades no atribuyeron credibilidad a la llamada y ni siquiera investigaron su procedencia, algo extraño cuando la ley establece severas sanciones para los mayores de doce años que realicen falsas llamadas a los servicios de seguridad. El desinterés inicial se convirtió poco después en una gigantesca movilización. Durante quince días, miles de soldados israelíes rastrearon la zona, pero los cadáveres solo habían sido semienterrados en una zona de terrazas agrícolas de la aldea de Beit Kahil, en el área de Khirbet Aranava, que se encuentra en la periferia norte de Hebrón. De inmediato, Netanyahu responsabilizó a Hamás y anunció un castigo ejemplar. El 18 de junio el diario gratuito Israel Today publicaba: “Responsables de Naciones Unidas y de las autoridades palestinas observan que Israel podría haber montado la historia de los tres jóvenes secuestrados por Hamás. […] No hay pruebas claras de que los tres colonos israelíes hayan sido secuestrados. Mientras más tiempo pasa van apareciendo más análisis que consideran que es otra operación de bandera falsa realizada por los israelíes. Eso recuerda la divisa del Mossad: ‘Haz la guerra engañando al enemigo’. Cuando analizamos los indicios disponibles podemos comprobar que el ‘secuestro’ proporciona a Israel una oportunidad para golpear brutalmente a los jefes y los civiles palestinos”. Algunos analistas han apuntado que “cada vez que el gobierno israelí se mete en un callejón sin salida [esta vez los desencuentros entre Netanyahu y Lieberman, la reconciliación de Hamás y Al Fatah y ciertos conflictos con la diplomacia estadounidense], sus enemigos acuden al rescate para sacarlo de dificultades” (Kevin Barrett, sitio web norteamericano Veterans Today). “Es una marca de fábrica: en cuanto Estados Unidos presiona a Israel para que abandone las colonias o detenga la construcción de nuevas colonias… estalla alguna bomba”. El diario suizo Zürcher Tagesanzeiger afirma: “…el secuestro de los tres jóvenes se produjo en el momento más propicio para Israel, según el experto en Oriente Medio Pascal de Crousaz. Y no aporta nada a Hamás”. Incluso la emisora de radio alemana Deutschlandfunk planteó una incómoda pregunta al embajador israelí: “No hay pruebas y es evidente que no existe ninguna pista clara… ¿y a pesar de eso ya se sabe que fue Hamás?”

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Puede parece inverosímil que el Mossad organice un secuestro y asesine a tres jóvenes judíos o que tal vez todo se trate de un simple montaje, sin víctimas reales. En la Red Voltaire, Gerhard Wisnewski apunta: “Es posible que los servicios secretos israelíes se hayan limitado a montar un suceso mediático, o sea solamente una farsa sin víctimas. Varios testigos han considerado que la ceremonia fúnebre más parecía una simple puesta en escena dada la falta de lágrimas y que los ataúdes parecían estar vacíos” (11-06-04). Solo son teorías, pero algo marcha mal en Israel cuando Avraham Burg, ex presidente del parlamento israelí, protestó hace años contra las agresivas campañas militares de Ariel Sharon, afirmando: “Israel ha entrado en un proceso de decadencia moral. Un F-16 ataca un edificio en el que viven inocentes y los oficiales dicen que no les quita el sueño. Estamos carcomidos. Yo no puedo olvidar que en nuestro gobierno hay tres tipos de ministros. Unos quieren la guerra con Siria; otros, con el conjunto del mundo árabe, y los terceros, la guerra sin más”. Para los gobiernos, la guerra nunca es un problema cuando hay en juego intereses políticos o económicos. En Cisjordania, las colonias judías controlan las zonas más fértiles y los recursos hídricos, mientras los palestinos sobreviven a duras penas en tierras improductivas, cercados por carreteras que les aíslan e incomunican, pues la ley prohíbe que circulen por ellas. En las aguas de la Franja de Gaza se ha descubierto petróleo y yacimientos submarinos de gas. Los pescadores palestinos soportan restricciones que les impiden alejarse más de tres o seis millas, con el pretexto de que una distancia mayor facilitaría el tráfico de armas. El aeropuerto internacional que se inauguró en Gaza en 1998 se encuentra fuera de servicio desde septiembre de 2000, cuando el ejército israelí destruyó sus pistas de aterrizaje e instalaciones como castigo a la segunda Intifada. Está claro que Israel no escatima medios para forzar la emigración de los palestinos hacia otros países o mantenerlos en una situación de impotencia semejante a la de cualquier pueblo nativo confinado en una reserva. Si es necesario romper huevos para hacer esta tortilla, se asume el coste, como hizo Boris Yeltsin en 1999, cuando una serie de atentados contra edificios de apartamentos en las ciudades rusas de Buynaksk, Moscú y Volgodonsk causaron 307 muertos y 1.700 heridos. Se atribuyeron los atentados a la milicia islamista liderada por Ibn al-Khattab y Shamil Basáyev, pero ambos negaron toda responsabilidad en las explosiones, alegando que luchaban contra el ejército ruso y no contra mujeres y niños. Los atentados sirvieron de pretexto para iniciar la segunda guerra de Chechenia y facilitar el ascenso al poder de Vladimir Putin. De inmediato, surgieron las sospechas de que el FSB –sucesor del KGB- había organizado una operación de bandera falsa. El diputado Yuri Shchekochikhin presentó dos mociones para iniciar una investigación parlamentaria, pero la Duma rechazó la iniciativa. Una comisión pública independiente dirigida por el diputado Serguéi Kovaliov interpeló al gobierno, pero éste se negó a responder a sus preguntas. Dos miembros de la comisión –Sergei Yushenkov y Yuri Shchekochikhin- serían asesinados años más tarde, corriendo la misma suerte de Anna Politkóvskaya, asesinada el 7 de octubre de 2006 por denunciar las violaciones masivas de los derechos humanos en la guerra de Chechenia.

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NO MATARÁS

Dos tercios de las víctimas de la Operación Margen Defensivo son civiles. Las bombas han alcanzado incluso a un centro para discapacitados del norte de la Franja de Gaza, matando a dos jóvenes e hiriendo de extrema gravedad a otros cinco. El goteo de víctimas inocentes continuará hasta que Israel decida que es suficiente. No se descarta una invasión terrestre, pero el Tsahal sabe que sufriría muchas bajas y una nueva ocupación solo podría mantenerse con una política represiva a gran escala. El pueblo judío necesita un hogar, pero el precio de este anhelo no puede ser la destrucción de otro pueblo. Es imposible mirar el futuro con esperanza, pero sin esperanza no hay futuro. En este caso, solo encuentro un poco de esperanza en una frase del filósofo judío Emmanuel Lévinas: “El rostro es lo que no se puede matar o, al menos, eso cuyo sentido consiste en decir: No matarás”. Si la sociedad israelí mira al rostro de los palestinos y descubre su humanidad, tal vez se atreva a exigir a su gobierno que deje de matarlos con bombas arrojadas desde cuatro mil metros de altura.

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RAFAEL NARBONA

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Entrevista con Ilan Pappé y Noam Chomsky: El futuro de Israel y Palestina

¿Habrá resultados diferentes a los acontecidos anteriormente?

Evolución de Palestina desde 1948

Barat: Gracias por aceptar esta entrevista. En primer lugar, me gustaría preguntarles si en estos momentos están trabajando en alguna cuestión que deseen que conozcamos.

Ilan Pappé: Estoy terminando varios libros. El primero es una sucinta historia de la ocupación israelí de Cisjordania y la Franja de Gaza, tengo otro sobre la minoría palestina de Israel y un tercero sobre los judíos árabes. Y estoy completando un volumen corregido en el que se compara la situación de Sudáfrica con la de Palestina.

Noam Chomsky: La serie habitual de artículos, charlas, etc. No tengo tiempo ahora para proyectos mayores.

Barat: Un parlamentario británico manifestó hace poco que había notado un cambio en los últimos cinco años respecto a Israel. Los parlamentarios británicos están actualmente firmando peticiones EDM las conocidas como “Early Day Motion”, moción sin fecha fija de debate de condena a Israel en mayor cantidad que nunca antes y nos dijo que ahora era más fácil expresar críticas hacia Israel aunque se estuviera hablando en un campus estadounidense.

También, en las últimas semanas, John Dugard, investigador independiente sobre el conflicto palestino-Israelí para el Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidas manifestó que el “terrorismo palestino es la consecuencia ‘inevitable’ de la ocupación”; el Parlamento Europeo adoptó una resolución que decía que “la política de aislamiento de la Franja de Gaza ha sido un fracaso tanto a nivel político como humanitario” y las Naciones Unidas y la UE han condenado a Israel por el uso excesivo y desproporcionado de la fuerza en la Franja de Gaza.

¿Podría eso interpretarse como un cambio general en la actitud hacia Israel?

Ilan Pappé: Los dos ejemplos indican un cambio significativo en la opinión pública y en la sociedad civil. Sin embargo, el problema permanece igual que en los últimos sesenta años: estos impulsos y energías no se concretan, y no es probable que lo hagan en un futuro próximo, en políticas actuales sobre el terreno. Y así, la única forma de enriquecer esta transición y apoyar desde abajo las políticas actuales es desarrollando la idea de las sanciones y el boicot. Esto puede dar una orientación clara a los muchos individuos y ONG que durante años han venido mostrando su solidaridad con la causa palestina.

Noam Chomsky: Ha habido un cambio muy evidente en los últimos años en los campus estadounidenses y también en relación a las audiencias generales. No hace tanto tiempo que la protección policial era la nota habitual en las charlas en las que se criticaban las políticas israelíes; las reuniones se interrumpían, las audiencias eran muy hostiles y ofensivas. Pero ahora es bien diferente, con excepciones aisladas. Los apologistas de la violencia israelí tienen ya que estar, frecuentemente, a la defensiva y actuar a la desesperada en vez de mostrarse arrogantes y despóticos. Pero la crítica frente a las acciones de Israel es débil, porque se suprimen, sistemáticamente, los hechos fundamentales. Esto es especialmente verdad en el decisivo papel estadounidense bloqueando todas las opciones diplomáticas, minando la democracia y apoyando el sistemático programa de Israel de socavar cualquier posibilidad de eventual acuerdo político. Es típica la caracterización de EEUU como “honesto intermediario”, incapaz, de alguna manera, de ejercer sus cualidades benéficas y no sólo en este terreno.

Barat: La palabra apartheid es cada vez más utilizada por las ONG y organizaciones asistenciales para describir las acciones de Israel hacia los palestinos (en Gaza, en los Territorios Ocupados Palestinos, pero también en el mismo Israel). ¿Se puede comparar la situación en Palestina e Israel con el apartheid sudafricano?

Ilan Pappé: Hay similitudes y diferencias. La historia colonialista tiene muchos capítulos en común y pueden encontrarse algunos de los rasgos del sistema del apartheid en las políticas israelíes hacia su propia minoría palestina y hacia los territorios ocupados. Sin embargo, algunos aspectos de la ocupación son aún peores que la realidad del apartheid de Sudáfrica, y algunos aspectos de las vidas de los ciudadanos palestinos de Israel no son tan nefastos como lo eran en los días del apartheid. Bajo mi punto de vista, el principal punto de comparación es de orden político. El movimiento anti-apartheid, el ANC, las redes de solidaridad que se desarrollaron con el pasar de los años en Occidente, deberían inspirar una campaña más firme y eficaz a favor de los palestinos. Por esto se necesita aprender de la historia de la lucha contra el apartheid, en vez de insistir demasiado en comparar el sistema sionista con el del apartheid.

Noam Chomsky: No hay una respuesta definitiva a esas cuestiones. Hay parecidos y diferencias. Dentro del mismo Israel hay graves discriminaciones, pero se está lejos del apartheid sudafricano. Dentro de los territorios ocupados, ya es otra historia. En 1997, al dar la temática de un discurso en la Universidad Ben Gurion en una conferencia sobre el aniversario de la guerra de 1967, leí un párrafo de la historia de Sudáfrica. Y no fue necesario comentar nada.

Mirándola más de cerca, la situación en los territorios ocupados difiere en muchas formas del apartheid. En algunos aspectos, el apartheid sudafricano era más vicioso que las prácticas israelíes, y en otros al contrario. Por mencionar un ejemplo, la Sudáfrica blanca dependía del trabajo negro. No podían expulsar a la inmensa mayoría de la población. Durante una época, Israel confió en la mano de obra barata palestina fácilmente explotable, pero ha sido reemplazada desde hace tiempo por los miserables de la tierra de Asia, Europa del Este y algunos otros lugares. Los israelíes respirarían en su mayoría aliviados si los palestinos desaparecieran. Y no es ningún secreto que las políticas que han ido conformando se ajustan bien a las recomendaciones de Moshe Dayan de después de la guerra de 1967: Los palestinos “continuarán viviendo como perros, y el que lo desee puede largarse”. Recomendaciones más extremas se han hecho por muy considerados humanistas de la izquierda en los EEUU, por ejemplo, Michael Walter, del Instituto de Estudios Avanzados en Princeton y editor del periódico socialista democrático Dissent, quien aconsejó hace 35 años que ya que los palestinos eran “algo marginal en la nación”, se les debería “ayudar” a marcharse. Se estaba refiriendo a los ciudadanos palestinos del mismo Israel, una posición que se ha hecho familiar más recientemente a causa del ultraderechista Avigdor Lieberman, y que ahora está siendo recogida por los medios dominantes israelíes. Dejo a un lado a los auténticos fanáticos, como el Profesor de Derecho de Harvard Alan Dershowitz, que declara que Israel nunca mata a civiles, sólo a terroristas, por lo cual la definición de “terrorista” sería la de “asesinado por Israel”; e Israel confiaría en conseguir una ratio de matar de 100 a cero, lo que significa “exterminar completamente a las bestias”. No es poco significativo que los defensores de estos puntos de vistas sean considerados con respeto en círculos cultos de EEUU, y también de Occidente. Uno puede imaginar la reacción si esos comentarios se hicieran sobre los judíos.

Sobre la pregunta, repito, no puede haber una clara respuesta porque la analogía no es apropiada.

Barat: Israel ha dicho recientemente que boicoteará la Conferencia sobre los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Durban porque “va a resultar imposible impedir que la conferencia se convierta en un festival de ataques contra Israel” y también ha cancelado un encuentro con funcionarios de Costa Rica sobre la decisión de la nación centroamericana de reconocer formalmente un Estado palestino. ¿Es probable que Israel se muestre renuente a aceptar cualquier tipo de crítica hacia sus políticas para hacerlas finalmente fracasar?

Ilan Pappé: Uno confía en que en algún momento les salga el tiro por la culata. Sin embargo, esto depende de los equilibrios de poder regionales y globales, no sólo de la “reacción desmesurada” de los israelíes. Los dos, principalmente el equilibrio de poder y la intransigencia israelí puede que estén interconectados en el futuro. Si se produce un cambio en la política estadounidense o en su papel hegemónico en la política de la región, más que una continuada inflexibilidad israelí, eso puede animar a la comunidad internacional a adoptar una postura más crítica contra Israel y ejercer presiones sobre el estado judío para que ponga fin a la ocupación y desposesión de Palestina.

Noam Chomsky: Uno puede estar de acuerdo o no con esas decisiones, pero eso no supone “una negativa a aceptar cualquier tipo de crítica hacia sus políticas”. Dudo que esas decisiones particulares vayan a fracasar, incluso que se les preste mucha atención.

Barat: ¿Cómo puede Israel llegar a un acuerdo con una organización que declara que nunca reconocerá a Israel y cuya carta pide la destrucción del estado judío? Si Hamas quiere realmente un acuerdo, ¿por qué no reconoce a Israel?

Ilan Pappé: La paz se hace entre enemigos no entre amantes. El resultado final del proceso político puede ser un reconocimiento islámico político sobre el papel de los judíos en Palestina y en Oriente Medio como un todo, ya sea como estado separado o conjunto. La OLP entró a negociar con Israel sin cambiar su carta, lo que no difiere mucho de la actitud de Israel…. Por eso se debería buscar un texto, una solución y una estructura política que sea inclusiva, que posibilite que coexistan todos los grupos ideológicos, religiosos, étnicos y nacionales.

Noam Chomsky: Hamas no tiene por qué reconocer a Israel más que Kadima a Palestina, o que el Partido Demócrata en EEUU tiene que reconocer a Inglaterra. Uno podría preguntarse si un gobierno dirigido por Hamas reconocería a Israel o si un gobierno dirigido por Kadima o por el Partido Demócrata reconocería a Palestina. Hasta ahora todos se han negado a hacerlo, limitándose a la posición de rechazo que EEUU e Israel han mantenido durante unos treinta años de aislamiento internacional. En cuanto a las palabras, cuando el Primer Ministro Olmert declara en una sesión conjunta del Congreso de EEUU que cree “en el derecho histórico y eterno de nuestro pueblo a toda esta tierra”, provocando entusiastas aplausos, no se está refiriendo, presumiblemente, sólo a la Palestina desde el Jordán hasta el mar, sino también a la otra orilla del río Jordán, la proclama histórica del Partido del Likud de que era su hogar político, una proclama que nunca se ha abandonado formalmente, hasta donde yo conozco. Sobre Hamas, pienso que debería abandonar esas estipulaciones de su carta y que debería evolucionar de la aceptación de un acuerdo entre dos estados al reconocimiento mutuo, aunque debemos tener en mente que sus posturas son más flexibles que las de EEUU e Israel.

Barat: Durante los últimos meses, Israel ha aumentado sus ataques contra Gaza y se está hablando de una invasión inminente por tierra, hay también muchas posibilidades de que haya estado implicado en el asesinato del dirigente de Hizbollah Mughniyeh y está presionando para que se impongan sanciones más duras (incluidas las militares) contra Irán. ¿Creen que el ansia de Israel por la guerra podría conducirle finalmente a su autodestrucción?

Ilam Pappé: Sí, creo que la agresividad va en aumento y que Israel no sólo se enfrenta al mundo palestino, sino también al árabe y al islámico. El equilibrio militar de poder, por el momento, está del lado de Israel, pero esto puede cambiar en un momento determinado, especialmente si EEUU le retira su apoyo.

Noam Chomsky: Escribí hace décadas que esos que se llaman a sí mismos “partidarios de Israel” son en realidad partidarios de su degeneración moral y probable destrucción final. Durante muchos años he creído también que la opción clara de Israel por la expansión en vez de la seguridad, una vez que rechazó la oferta de Sadat de un tratado total de paz en 1971, puede muy bien llevar a esa consecuencia.

Barat: ¿Qué supondría para EEUU retirar su apoyo internacional a Israel?

Ilan Pappé: A nivel externo, el colapso de su política en Oriente Medio, principalmente por la pérdida de uno de sus aliados. Como alternativa, aunque menos probable, la aparición de una contra-política europea. Internamente: una crisis económica importante y el éxito de la actual coalición de fuerzas que trabajan en el interior de la sociedad civil para amortiguar tal cambio.

Noam Chomsky: Para responder a eso, tenemos que considerar las fuentes de ese apoyo. El sector corporativo en EEUU, que controla la conformación de la política, parece estar muy satisfecho con la situación actual. Un indicador es el flujo creciente de inversiones hacia Israel por parte de Intel, Hewlett-Packard, Microsoft y otros elementos importantes de la economía de tecnología punta. Las relaciones de inteligencia y militares siguen siendo muy fuertes. Desde 1967, los intelectuales estadounidenses han tenido una relación amorosa virtual con Israel por razones que, en mi opinión, tienen más que ver con EEUU que con Israel. Eso afecta en gran medida a la representación de los hechos y a la historia en los medios y en los periódicos. Los palestinos son débiles, están dispersos, sin amigos, y no tienen nada que ofrecer a la concentración de poder en EEUU. Una gran mayoría de estadounidenses apoyan el consenso internacional de un acuerdo para dos estados, e incluso piden que se iguale la ayuda a Israel y a los palestinos. En este como en muchos otros aspectos, ambas partes políticas se sitúan más a la derecha que sus poblaciones. El 95% de la población estadounidense piensa que el gobierno debería prestar atención a los puntos de vista de la gente, una posición rechazada por todo el espectro de las elites (algunas veces muy explícitamente, en otras tácitamente). De ahí que un paso hacia una posición más equitativa debería sustentarse en un “avance democrático” en los EEUU. Además de esa eventualidad, lo que debería tenerse en cuenta son los hechos que conducen a un nuevo cálculo de intereses entre los sectores de elite.

Barat: CounterPuch puso de relieve el pasado mes un interesante debate acerca de la solución de un estado único frente a la solución de los dos estados. Se empezó con un artículo de Michael Neumann en el que decía que “la solución de un único estado era una ilusión” y fue seguido por artículos de Assaf Kfouri titulado “¿Un Estado o Dos Estados? – Un Debate Estéril sobre Falsas Alternativas” y otro de Jonathan Cook titulado “Ni un estado ni dos, el problema es el sionismo”. ¿Cuál es su opinión sobre este aspecto, piensan que en vista de los “hechos sobre el terreno” (asentamientos, carreteras de circunvalación…) creados por Israel, es aún posible la solución de los dos estados?

Ilan Pappé: Las realidades sobre el terreno han hecho que la solución de los dos estados sea imposible desde hace ya tiempo. Los hechos indicaban que nunca hubo y que nunca habrá aprobación israelí a un estado palestino, a no ser que sea un estado sin estado dentro de una serie de bantustanes en Cisjordania y Gaza bajo control total israelí. Hay ya un estado y la lucha se centra en cambiar su naturaleza y régimen. Si el nuevo régimen y la base constitucional debieran ser democráticas y binacionales, o quizá incluso ambas cosas, es menos importante en este punto. Cualquier organización política que reemplazara el actual estado racista de cosas es bienvenida. Esa organización debería también posibilitar el retorno de los refugiados e incluso el más reciente de los inmigrantes a poder quedarse.

Noam Chomsky: Tenemos que distinguir entre propuesta y defensa. Podemos proponer que todo el mundo debería vivir en paz. Se convierte en defensa cuando trazamos un sendero realista de aquí hasta allí. En mi opinión, la solución de un único estado tiene poco sentido, pero un estado binacional sí lo tiene. Fue posible defender tal acuerdo desde 1967 hasta mediados de la década de 1970. Y así lo hice, en muchos escritos y charlas, incluido un libro. La reacción fue mayoritariamente de furia. Después de que los derechos nacionales palestinos entraron en la agenda internacional a mediados de la década de 1970, ha seguido siendo posible defender el binacionalismo (y así continúo haciéndolo), pero sólo como un proceso que atraviesa etapas intermedias, la primera sería la del acuerdo para los dos estados, según el consenso internacional. Ese logro, probablemente el mejor que podamos imaginar a corto plazo, casi se alcanzó en las negociaciones de Taba en enero de 2001 y, según los participantes, podría haberse alcanzado si el Primer Ministro israelí Barak no les hubiera puesto fin de forma prematura. Ese fue el único momento en los últimos treinta años en que dos estados que se rechazan consideraron por un breve tiempo unirse al consenso internacional, y la única vez en que pareció estar a la vista un acuerdo diplomático. Mucho han cambiado las cosas desde 2001, pero no veo ninguna razón para creer que lo estaba aparentemente al alcance entonces sea imposible hoy.

Reviste algún interés, y yo creo que es instructivo, que las propuestas de “solución de un estado único” se toleren hoy en día en los medios dominantes, a diferencia del período en que su defensa era inviable y constituían un anatema. En la actualidad, se publican en el New York Times, en New York Review of Books y en otros sitios. Uno no puede por menos que concluir diciendo que se consideran ahora aceptables porque son completamente inviables, siguen siendo propuestas que no cuentan con apoyos. En la práctica, las propuestas apoyan el rechazo estadounidense-israelí y socavan la única defensa viable de una solución binacional por etapas.

En la actualidad, los palestinos tienen dos opciones. Una es el abandono estadounidense-israelí de su posición de rechazo, y un acuerdo muy parecido al que casi se alcanzó en Taba. La otra opción es que continúen las políticas actuales, que llevan, inexorablemente, a que Israel se anexione todo lo que quiera: al menos, el Gran Jerusalén, las zonas dentro del Muro de Separación (que ahora es un Muro de Anexión), el Valle del Jordán y los puntos principales a través de Ma’aleh Adumim y Ariel y más allá, dividiendo de hecho lo que queda en tres partes, que será hecho pedazos en cantones inviables por inmensos proyectos de infraestructura, cientos de controles y otras estratagemas para asegurar que los palestinos vivan como perros.

Hay quienes creen que los palestinos deberían sencillamente permitir que Israel se apropie completamente de Cisjordania y entonces llevar a cabo una lucha al estilo de la de los derechos civiles-antiapartheid. Sin embargo, eso no deja de ser una ilusión. No hay razón alguna por la que Israel-EEUU vayan a aceptar las premisas de esta propuesta. Continuarán con las directrices que están ejecutando y no aceptarán responsabilidad alguna por los palestinos que se vean dispersados fuera de las regiones que intentan incorporar a Israel.

Barat: Durante mi reciente viaje a Israel/Palestina se me hizo obvio (hablando con la gente, leyendo periódicos, viendo las noticias) que hay algo que a Israel le da mucho miedo: un boicot. ¿Están a favor de ese tipo de acciones y piensan que podrían dar frutos?

Ilan Pappé: Sí, estoy a favor y creo que tienen posibilidades de desencadenar procesos de cambio sobre el terreno.

Noam Chomsky: Los boicots tienen sentido muchas veces. Por ejemplo, esas acciones contra Sudáfrica fueron eficaces, incluso aunque la administración Reagan evadió las sanciones del congreso mientras declaraba que el ANC de Mandela era uno de los “más infames grupos terroristas” del mundo (en 1988). Las acciones fueron eficaces porque durante muchos años se estuvo impulsado el trabajo de campo mediante la educación y el activismo. En el momento en que fueron implementadas, recibieron apoyo sustancial del sistema político estadounidense, de los medios e incluso del sector corporativo. Nada parecido ni remotamente se ha conseguido en este caso. Y además, los llamamientos al boicot fueron invariablemente contrarrestados reforzando las más duras y brutales políticas hacia los palestinos.

Si se formulan con cuidado, los boicots selectivos podrían producir algún efecto. Por ejemplo, un boicot a los productores militares que proporcionan armas a Israel, o a la Corporación Caterpillar, que suministra el equipamiento para destruir Palestina. Todas sus acciones son absolutamente ilegales, y los boicot habrían sido mejor comprendidos por el público en general, para que así pudieran haber sido eficaces.

Los boicots selectivos podrían ser también eficaces contra los estados que aún tienen un record peor de violencia y terror que Israel, como ocurre con EEUU. Y, desde luego, sin su apoyo y participación decisivos, Israel no podría llevar a cabo expansiones ilegales u otros crímenes. No hay llamamientos para boicotear a EEUU, no por cuestión de principios sino porque es sencillamente demasiado poderoso, hecho que plantea algunas cuestiones obvias sobre la legitimidad moral de las acciones dirigidas contra sus clientes.

Barat: Volviendo de Israel/Palestina hace pocas semanas, el director del ICAHD siglas en inglés del Comité Israelí Contra la Demolición de las Casas del Reino Unido dijo que, a pesar de Annapolis, “no ha habido mejora alguna sobre el terreno … y el ver la judaización de Israel me dejó pasmado y enfadado”. En relación con este aspecto, ¿podría la resistencia palestina (que hasta ahora ha sido fundamentalmente no violenta) volver a la lucha armada y comenzar a una tercera intifada mucho más dura?

Ilan Pappé: Es difícil entender ese ‘podría’, teóricamente puede y debe, la cuestión es si va a haber resultados diferentes de los anteriores dos levantamientos, el sentimiento existente es que no es probable.

Noam Chomsky: Mi opinión ha sido siempre que los dirigentes palestinos están ofreciendo a Israel y a sus patrocinadores estadounidenses un gran regalo al recurrir a la violencia y adoptar posturas revolucionarias, además del hecho de que, consideraciones tácticas aparte, el recurso a la violencia conlleva una carga muy pesada de justificación. Hoy en día, por ejemplo, nada hay que les guste más a los halcones israelíes y estadounidenses que los cohetes Qassam, que les permite gritar de alegría sobre cómo van a aumentar hasta el infinito el número de muertos (definiendo a todos las víctimas como “terroristas”). También estoy de acuerdo con amigos personales que tenían contactos con el liderazgo palestino (en especial, con Edward Said y Eqbal Ahmad) de que una lucha no violenta habría tenido considerables perspectivas de éxito. Y pienso que todavía las tiene, en realidad es la única perspectiva que puede tener éxito.

Barat: ¿En qué deberían centrarse en los próximos meses las ONG y las organizaciones asistenciales que trabajan por la justicia en Palestina?

Ilan Pappé: Ellas lo saben bien y no me atrevo a aconsejarles nada. Creo que nos orientan con su llamamiento al boicot y si continúan con iniciativas como esa puede ser muy productivo. Pero lo que es más importante es que prosigan con su trabajo por la reconciliación y unidad del campo palestino.

Noam Chomsky: La tarea diaria y urgente es centrarse en las terribles violaciones en curso de los más elementales derechos humanos y en los ilegales proyectos y desarrollo de asentamientos que EEUU respalda y que están planeados para socavar un acuerdo diplomático. Una tarea más general es intentar sentar las bases para una lucha exitosa por un acuerdo que tenga en cuenta las justas demandas de las partes en lucha, el tipo de trabajo organizativo y educativo persistente, dedicado y duro que ha proporcionado los fundamentos para otros avances hacia la paz y justicia. He indicado ya que pienso que eso supone, y que no es precisamente lo menos importante, la promoción de una democracia eficiente en la superpotencia reinante.

Traducido para Rebelión por Sinfo Fernández

 

Israel se enfrenta a un aislamiento internacional.

La canciller alemana, Angela Merkel, ha pedido al régimen israelí a que promueva la paz o que se enfrente a su aislamiento internacional, recién incrementada a causa de su política expansionista.

La titular alemana anunció dichas palabras el martes en el marco de la visita prevista del primer ministro del régimen israelí, Benyamin Netanyahu, al país germano, considerado como una estrategia diplomática para calmar las tensiones recién suscitadas.

Según algunos medios de comunicación occidental, Netanyahu está utilizando las reacciones y críticas internacionales e internas como una medida para beneficiar su campaña electoral, acusando a la oposición de hacer un frente común con la Resistencia Palestina.

Al parecer, Merkel tendrá una reunión con el primer ministro hebreo en la noche del miércoles, donde se espera que trate de advertir al alto cargo israelí sobre la peligrosa situación por el que pasa y le sugerirá que elija entre el establecimiento de un estado palestino o acepte sus riesgos, uno de ellos su aislamiento en el escenario global.

Aunque Alemania es considerada como la potencia europea más cercana al régimen de Tel Aviv, el pasado jueves se abstuvo en la votación sobre el estatus de Palestina y recientemente criticó las represalias del régimen israelí después de la victoria palestina en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Netanyahu, llega hoy (miércoles) a Praga, capital de la República Checa donde agradece al país por votar en contra del reconocimiento de palestina en la ONU, tras lo cual viaja a Berlín, capital germana.

HispanTV

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Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina

La NAKBA, el desastre, eso es lo que los corazones lamentan.
No hay nada que celebrar  contra PALESTINA NI NADA
que hacer con un Estado de Israel, tomado por la rama mas brutal, cuya
impiedad es manifiesta incluso a la hora de poner  sus propios intereses en juego.
De acuerdo, DOS ESTADOS, Dos pueblos, de acuerdo epro ni un dia mas
la cruenta humillacion a la que esta sometido el pueblo palestino, ni un dia
mas.
Pero Israel debe considerar volver a posiciones anteriores, devolver territorios,
desmantelar asentamientos, no levantar ni un poblado mas en territorio palestino,
poner fin a tanta crueldad estupida, a tanta estrategia imperial, de cuña criminal
clavada en el corazon de ORIENTE MEDIO, un poco de generosidad y de
piedad, de razonable consideracion de su propia realidad, y que no dude Israel
en que ello, una actitud francamente valiente que conlleve la posibilidad real
de que tanto el pueblo palestino y como los ciudadanos de Israel convivan de una
vez para siempre en paz digna y llena de respeto.
Que facil mis palabras, como suenan, hay tanta incredulidad de maldito acero entre
sus vocales que pensar en los sangrientos y miserables intereses que tejen y destejen
este puto mundo es inevitable, dolorosamente inevitable.
La verdad es que no hay donde poner los ojos para sentir un minimo de calma,
para cerrar los parpados sin miedo de encontrarnos al lado el mismo espanto
que nos arrea hacia la impotencia y la rabia.
Menos mal que nos queda la palabra, la palabra poetica, para aliviar el corazon
de tanto machetazo, de tanto mazazo, de tanta mezquina y miserable abundancia.

http://www.nodo50.org/causapalestina/IMG/pdf/NAKBA-Cronologia_2.pdf

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